Por qué procrastinamos

Por que procrastinamos

Procastinar, palabras nuevas para problemas viejos:

Posponer las cosas es el mayor desperdicio en esta vida: atrapa cada día conforme viene y nos niega el presente, prometiendo el futuro. El mayor obstáculo para la vida es la expectativa, que cuelga del mañana y nos hace perder el hoy. Estás disponiendo lo que está bajo control de la suerte y abandonando lo que está bajo tu control. ¿Qué estás mirando? ¿Para qué meta te estás esforzando? El futuro descansa sobre la incertidumbre, así que vive ya.

Séneca, en Sobre la brevedad de la vida, ya hablaba de dejar para mañana y advertía sobre aprovechar el hoy en lo importante.

Tantos años advirtiendo de lo mismo y no sirve de nada.

Averiguar por qué posponemos las cosas importantes ha sido una de mis obsesiones, como si conocer el porqué solucionara algo. La procrastinación es como fumar o beber, sabes que no tienes que hacerlo, sabes por qué no tienes que hacerlo o por qué acabas haciéndolo, y saberlo apenas marca una diferencia, igual que advertirlo.

Lo siento, Séneca, porque esto no tiene que ver con lo racional, sino con lo emocional.

Por eso, aprender sobre técnicas o tácticas contra la procrastinación es como aprender que tienes que comerte la ensalada o cómo hacerla, lo sabes, pero eso no hace que la elijas.

Procrastinar no es un problema de desconocimiento de motivos o técnicas, es un problema de gestión de emociones, de «gestión del dolor», que decía aquel. En este caso, del que surge cuando te tienes que poner con lo importante.

Uno dice que ama la escritura, pero la posponemos porque el hecho de sentarnos y trabajar nos causa una serie de emociones negativas. Escribir es difícil, escribir bien, imposible, amar no es siempre cuesta abajo.

Muchos procastinadores conocen casi todo sobre técnicas de gestión de tiempo y tareas porque esa es, de hecho una de sus formas favoritas de posponer lo importante. Leyendo sobre el tema, imaginando que aplican esa nueva técnica, se ven en un mañana en el que, por fin, se pondrán con lo importante. Pero llega mañana y es igual que hoy, incluso con todo ese conocimiento.

Cuando pospones las cosas, la mayoría de las veces tampoco es porque realmente te veas forzado a hacerlo. Cuando no escribes, casi nunca se debe a que te encuentras enfermo de verdad o haya surgido una urgencia que debes atender. Es, técnicamente hablando, un fallo de autoregulación emocional que la mejor técnica de productividad o escritura no van a solucionar.

Hay quien ha intentado desentrañar esa maraña interna, quien ha concluido que depende de varias cosas: personalidad, creencias, inteligencia emocional… Que trabajar en todos esos aspectos ayuda a dejar de posponer lo de hoy para mañana. Y tiene razón, pero ese es trabajo constante de una vida, imposible de solucionar leyendo algo en Internet.

Por eso me gustaría poder decir que tengo el remedio a posponer lo importante, triunfar donde hasta Séneca falló, pero me temo que no. No hay secreto, ese es el secreto. Me temo que en estos tiempos de gurús y listas de técnicas contra la procrastinación que sólo ayudan al enemigo, hay que recordar que no existe solución sencilla.

Es una respuesta decepcionante que aleja a muchos y mejor que no ronden por aquí en ese caso. Hay que acostumbrarse a decir «no lo sé» más a menudo, hay que acostumbrarse a ser sinceros con la complejidad, y más en estos tiempos en los que ya es imposible saber qué es verdad.

Me extendí sobre soluciones prácticas en Escribir mejor, hablé de cosas como contexto, identidad o arquitectura de la decisión como herramientas, así que no me voy a meter hoy en el mar de las emociones, ha amanecido frío, siempre cubre y siempre está revuelto.

Al final, si queremos posponer menos debemos atender a ese problema de autoregulación emocional, tratar de entendernos. Es lo que cada escritor ha ansiado siempre, por eso tanto volcar sobre el papel, a ver si al final de cada frase comprende algo que se le escapaba cuando empezó a escribirla.

Al final, las historias son eso que usamos para tratar de soportar la vida y sacar algo en claro. Escribir, igual que posponer, siempre ha sido una cuestión de emociones, de comprenderlas, volcarlas y provocarlas en los demás.

Al final, no tiene que ver con técnicas y sí con el trabajo individual de cada uno, porque cuanto más se aplica uno en eso, menos se pospone.

Y de paso, se escribe mejor, porque se comprende la sustancia de la que está hecha la buena escritura.

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4 comentarios en “Por qué procrastinamos”

  1. En tus palabras he visto mi reflejo.
    Escribir muchas veces me causa dolor, y como cualquiera busco el analgésico, ya sea en la técnica o en cualquier pretexto. Qué más da, cuando de huir se trata.
    Muchas gracias, interesante artículo.
    Mabel

  2. Hola, Isaac.

    Si supieses el truco infalible, la perfecta estrategia, la técnica exacta para evitar caer en la procrastinación, ahora mismo serías uno de los hombres más famosos del planeta.

    Procrastinar es muy tentador. Y tan tentador es que caemos una y otra vez (yo, por supuesto, me incluyo). Algunas veces, pocas, nos vencemos a nosotros mismos y podemos sentirnos triunfantes. Pero la victoria es efímera, un espejismo al fin y al cabo, un alto el fuego engañoso que la realidad, diabólica francotiradora, te concede con una sonrisa burlona.

    Tienes toda la razón: hay que reivindicar el «No lo sé», no pasa nada. No es un delito ni una vergüenza. Leí hace poco un titular de David Trueba en el que afirma que vivimos en un época en que parece que tenemos que entederlo todo y me lo has recordado.

    Y sí, está claro que es un problema de autorregulación emocional, de anteponer lo fácil o lo placentero a la obligación más o menos urgente.

    Un saludo literario desde Oviedo y suerte, mucha suerte.

  3. Muy buena la nota. Procastinamos por falta de una hormona, que desaparece cuando hay mucho estrés. Y de ahí la falta de regulación emocional: es la mejor descripción que he visto en mi vida. Muchas gracias!!!!

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