Por qué todo escritor desea publicar con editorial, aunque diga que no o no le convenga

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En el episodio anterior de este viaje a ninguna parte hablaba de cómo publicar tu libro cuando publicar es casi imposible. Allí comentaba que el camino más probable es que, si tienes una audiencia con varios ceros, porque eres tuitstar o influencer (o el término mongol que toque hoy), las editoriales van a estar encantadas de abrirte la puerta y que tú les abras esos seguidores.

Es más difícil vender un libro que imprimirlo, y es mejor quedarse un mayor porcentaje de las ventas que uno menor, así que si eres un Rubius o presentas algún programa epiléptico del corazón, la editorial está encantada de decirte: «Por favor, el autógrafo en la línea de puntos».

He aquí que, en referencia a ello, Gabriella Campbell, a la que deberíais leer religiosamente si es que queréis llegar a algún lado mejor que la cueva en la que habito yo, comentó en ese artículo:

Ay, es la pescadilla que se muerde la cola. Porque si tienes 20000 seguidores, ¿para qué publicar con una editorial? Esto es lo que me sigue sorprendiendo: ese falso prestigio asociado a publicar con una casa grande. Y sigo viendo grandes editoriales que compran a autores que hacían buenas ventas en autoedición para luego condenarlos al ninguneo. Y sigo viendo a autores con seguimiento fiel y buenas ventas que siguen soñando con la llamada de la supereditorial. Y muchos otros casos sin sentido, con editoriales de todos los tamaños.

A lo mejor si la gente viera las cantidades y porcentajes reales de ventas de muchas editoriales, no se quejaría tanto de esos 100 libros que han vendido mediante autoedición.

Cierto, la gente que no ha trabajado con editoriales no es consciente de eso y muchos tienen un duro despertar (económico sobre todo) cuando se dan cuenta de cómo funcionan las interioridades del libro, de la distribución, de la vida comercial, de presentaciones y escaparates.

Y sí, muchas fichan a los que tienen éxito por sí mismos, para ver si les suena la flauta a ellos sin que tengan que hacer ningún esfuerzo, lo que es irracional y es entregarles en bandeja todo a cambio de nada.

Pero ese no es el tema, el tema es que estoy 100% de acuerdo con lo que dice Gabriella, pero también que esa no es la cuestión.

La cuestión es que, efectivamente, desde un punto de vista meramente económico la opción de la autopublicación tiene más sentido que la editorial en un buen porcentaje de casos. Es así, te vas a sacar más, te van a pagar más religiosamente y pronto. Amazon tendrá mil defectos o provocará la caída de la literatura o yo qué sé, pero, en tema estrictamente monetario, es mejor que la mejor editorial: en porcentajes, en puntualidad de pago, etcétera.

Sin embargo, aunque eso sea así, se busca y se ansía la editorial porque precisamente no estamos aquí por motivos económicos, ni como producto de análisis fríos de coste y beneficio o de si nos ningunearán o no. Que sí, está claro que todos soñamos con los cheques de la Rowling y la James, pero la realidad es que lo miramos un poco como a las ensoñaciones cuando aparece el anuncio de la lotería de Navidad.

Lo que queremos es precisamente ese falso prestigio del que habla Gabriella, y sí, nos da igual que desde muchos puntos de vista sea falso, porque desde la percepción externa, que es la que cuenta en el mundo, es lo que ansiamos.

Ansiamos también que nos lean y nos digan que qué bien escribimos, que cómo tocamos ahí donde los demás no me tocaron. La principal moneda en la literatura no es el euro, es intangible.

Además del falso prestigio de cara a todo el mundo, que una editorial te publique, no lo neguemos, es ese «qué bien escribes» que ha sido dicho además por alguien que se dedica a eso, por alguien que lee miles de cosas y decide que eres tú, no esos otros miles a los que ha rechazado, los que van a quedar para la posteridad en una página.

Nos han validado, nos han concedido un pequeño Olimpo que en realidad no importa, pero que para un escritor vale lo que todos esos eurillos de Amazon no comprarán. Y si la editorial es grande, mucho mejor, aunque no vendas un chavo. Porque de entre todo ese plantel de guapos en el club selecto editorial, ha sido uno de los más guapos el que te dijo «ven». Y ahora todos los demás te vieron con él al menos una vez y eso nunca te lo van a quitar, aunque no vendieras ni un ejemplar. «Sí, he publicado con Alfaguara», le dices a quien está en la barra del bar contigo al sacar el tema (como el que no quiere la cosa). Compara con decir que te autoeditaste en Amazon.

La vida, niños, no deja nunca de ser el instituto, no nos engañemos. Ni en esto ni en el resto.

Hay cosas mucho más importantes que el dinero (no digo que sean buenas, ese hubris y ese presumir sin que lo parezca, tan de escritor, no es mejor) y, es obvio, los escritores no toman sus decisiones tras un análisis coste-beneficio. Son (somos) los seres más irracionales que existen, con egos como montañas, persiguiendo una especie de prestigio extraño e incorpóreo, una inmortalidad bien falsa.

Y el camino hasta ese sueño, falso o no, pasa por publicar con editorial. Ya pueden venir los comentarios en contra, que aquí estoy afilando la hoja mientras silbo.

Escribir es un asunto emocional y sobre todo irracional. Las decisiones no se toman por lógica, así que por eso se acude a la llamada de una editorial, seguidores por medio o no, con la posibilidad de que no nos vayan a brindar apoyo o no. Nuestro autoengaño es infinito.

Y sí, afrontémoslo, hay un prestigio en publicar y es hasta comprensible, porque el mito de escritor que a la mayoría nos infectó con esta enfermedad es ese que firma en El Corte Inglés, ese en cada escaparate, algo que sólo te va a dar una editorial con su poder de marketing y distribución. Que la mayoría de editoriales no lo va a poner a disposición en tu caso, pero ya puestos a soñar, escribir es una torre de sueños, y de naipes.

No nos engañemos, es así. Murakami no monta filas de firmas que dan la vuelta a la esquina autopublicando. Ninguno lo ha hecho con su libro hasta que dio el salto editorial. Y sí, hay autopublicados que ganan mucho y están por lo mercenario en gran parte, olé por ellos si es lo que quieren, pero no es el mito que ansiamos cuando empezamos en esto.

Al final del día estamos de nuevo comprando un sueño, uno que, lo admitamos o no, nos afectó como una pedrada hace mucho y nos dejó el raciocinio un poco más para allá que para acá. Y en ese sueño está publicar con una editorial grande, recoger el Nobel de música o lo que den ahora. La racionalidad no vive aquí, esto es escribir, no cabe ni está, lo mire uno como lo mire.

Pero bueno, cada uno se cuenta las cosas (mentiras más o menos piadosas) que puede para seguir adelante.

Así que no, no es comprensible en un sentido económico eso de publicar con editorial cuando ya tienes una audiencia, pero es que tampoco importa.


P.D. ¿Recuerdan a la chica de ese episodio anterior? No iba a publicar con editorial según aquella conversación, no tenía sentido y se iban a aprovechar de su audiencia. Todo cierto.

De aquello hace ya bastantes meses, hace mucho menos tiempo ha firmado un contrato editorial para que su libro salga en papel, esté en las estanterías, pueda tocarlo y olerlo.

Y es normal, da igual lo que nos digamos o le digamos a los demás o la cuenta a fin de mes. Esa sensación es nuestra moneda.

23 responses

  1. Das en la clave: puede que no tenga sentido publicar con una editorial y hacerlo no es garantía ni de que se molesten en promocionarte ni de vender libros. Pero es eso… imagen de escritora de verdad.
    Puede que sea cuestión de tiempo. A día de hoy la autopublicación se percibe un poco como una alternativa para quien no consigue publicar en editorial. Me imagino que al ser un sistema relativamente nuevo, todavía no hay grandes referentes de la literatura autopublicando. Si encima, las editoriales fichan a quienes despuntan y ellos se dejan fichar, la autopublicación tendrá más difícil “dignificarse”.

    • Cierto, tendrá difícil dignificarse por eso y además porque la mayoría de lo autopublicado no es bueno ni pasa los filtros mínimos de calidad, que se puede argumentar con razón de mucho de lo que publican las editoriales, pero no es lo mismo…

  2. Un placer leerte, pero no estoy de acuerdo contigo.
    Confieso que durante mucho tiempo pensé así. Incluso cuando empecé a autopublicar pensaba así, y lo hacía para intentar despuntar y llamar la atención de alguna editorial.
    Pero en el último año he leido varios casos de autores autopublicados que tenían público y estaban ganando dinero y todo se fue al traste por firmar con una editorial. He atisbado la manera que tienen de funcionar las editoriales y se me han caido de ese pedestal en el que las tenía. Me he dado cuenta de que la idea de enfrentarme a filas de fans deseosos de mi autógrafo me provoca más pavor que ilusión.
    Así que hoy por hoy confío en la autopublicación como camino a cien por cien. Creo que le queda mucho recorrido por delante, especialmente en nuestro país, pero estoy convencida de que tiene futuro.
    No digo que rechacese trabajar con una editorial (si se diese el caso), pero me lo pensaría muy mucho, y sería bajo ciertas condiciones (mantener los derechos digitales y ceder solo los de la obra en papel, por ejemplo). Lo que digo es que ya no es mi meta.
    Por tus palabras he visto que lo tienes muy claro, así que sé que creerás que me autoengaño. Pero no me importa, no trataba de convencerte 🙂
    Repito, ha sido un placer leerte.
    ¡Un saludo!

    • Qué sería de la vida sin discusión (perdón, debate). Yo no veo que estés en desacuerdo especialmente, tú misma dices que no te niegas a trabajar con editorial. Obviamente no estaba hablando de cualquier editorial, yo he rechazado esos engaños disfrazados de contrato de edición a los que sólo les faltaba pedirte el primogénito. Una cosa es ser irracional, como lo es escribir, y otra es ser rematadamente tonto para aceptar esos engaños. Pero he aquí que esos engaños triunfan entre muchos, lo que da buena cuenta de que en verdad vamos tras sueños irracionales y cometemos tonterías.

      Lo curioso es que incluso esos contratos más decentes de edición, los que son el estándar de la industria, son irrisorios para el que escribe. Te pasas meses/años y eres el que menos pastel recibe. Sin embargo es lo que hay y lo que se acepta, ni qué decir además de que los adelantos murieron hace mucho.

      Un saludo y no estás realmente en desacuerdo ;P

  3. Hola, Isaac,
    Tu argumento de que publicar en una editorial aporta, más que nada, prestigio es irrebatible.
    A mí me pasó como a Adella Brac: cuando empecé en esto también deseé llamar la atención de algún editor que me redimiera. Naturalmente, eso no pasó. En aquellos momentos de cierta precariedad económica, habría agarrado esa mano y me hubiera dejado guiar… al abismo. Es más, habría sacrificado un dedo meñique o los dos (me las apaño igual para teclear…), cuando todavía creía que publicar y vender algo sería una manera, como otra, de sacar unos dineros. (Me había quedado sin empleo y no veía el modo de salir adelante. Te aseguro que ni siquiera me impulsaba la vanidad; desde muy joven viví de la pintura y de sobra sé que el ego se conforma con el aplauso, pero el estómago no. Por razones que no vienen al caso, me vi obligada a dejar mi oficio de pintora y cambiar de lenguaje, así que pensé ¿por qué no escribir? Ya ves, un caso, el mío, de reconversión “industrial”.)
    Ahora mi situación es otra; mi percepción del mundillo literario, también. Si bien admito que un respaldo editorial sellaría mi trayectoria con un empaque del que carezco autopublicándome o escribiendo desde mi blog, sobre todo, para mis sufridos lectores; sin embargo, y sin rencor, ya no cuento con tal milagro que, de suceder, me llegaría tarde.
    Sigo escribiendo porque entretanto le he pillado el gusto y quiero aprender a escribir mejor. Sin ninguna expectativa.
    A estas “alturas”, no me convendría firmar ningún contrato editorial, por motivos que no expongo por no alargar el cuento.
    Además, reconozco no estar capacitada para asumir todas las tareas de promoción. Ya solo escribo porque me da la gana, y en lo mío mando yo, y no me subo a un avión, y detesto los actos sociales, y me deprimen las presentaciones de libros, y no miro escaparates ni de de librerías, y no tengo qué ponerme para acudir a un plató, y me iré por las ramas en una entrevista, y me ponen nerviosa los ambientes culturales sacralizados, y no puedo comer como los demás en un restaurante ni picar en un cocktail por múltiples e insalvables intolerancias alimentarias. Que no estoy para esas chorradas.
    Comento mi situación particular (aunque podría hacerlo en mi blog, bah, pero también aquí) por plantear un caso que desmiente la afirmación, un tanto falaz, de que “todo escritor desea publicar en una editorial aunque diga que no le conviene”, solo refutable si, en concreto, negamos mi identidad de escritora.
    En cambio, como lectora, sí deseo que las editoriales españolas publiquen nuevos talentos, en vez de empeñarse en apostar por forasteros o por consagrados. Y, como escritora, espero que entre todos nosotros aportemos calidad y excelencia al sector de la autopublicación, por eso de que lo bien hecho, bien parece, y se lee mejor.
    Un saludo.
    Ah, y te quejarás de que no comentamos…

    • Desde luego no me quejo de que no comentáis, de hecho me parece genial subrogar la creación de contenido aquí con comentarios extensos, es cansado hablar y hablar ;P.

      Yo detesto tanto o más todo lo que dices que rodea a la publicación. No he hecho una presentación en mi vida, no me junto con escritores. Y me encantaría que viniera una editorial grande y me publicara, no es nada incompatible. Ese es otro (sub)mito más, un Salinger recluido, un Thomas Pynchon que no participa de todo eso y ahí está, labrándose su parcela en el Olimpo particular, como la hasta hace poco desconocida Elena Ferrante bajo pseudónimo. Lo dicho, no es incompatible, para los más antisociales como yo, esa fantasía encaja perfectamente las piezas.

      El problema de la autopublicación es que, por definición y forma de funcionar, no va a tender nunca a la calidad ni la excelencia. No por nada, sino por cómo funciona cualquier sistema de publicación de contenido que reúna esas características, como ausencia de barreras de entrada o criba (da igual que el contenido sea vídeo, dibujo o palabra, pero en este caso me ciño a la palabra). Eso no es ni bueno ni malo, es sólo que, como movimiento general, unos pueden querer y trabajar para que sea así, pero hay una mayoría que no va a tener eso en cuenta nunca. Esos sistemas, con esas reglas, funcionan así y cualquier esfuerzo por regular y cribar para mantener una calidad se convertiría, obviamente, en un sistema editorial.

      Un saludo.

      • Hola, de nuevo,

        Ya ves, yo sí que me juntaría con escritores, como con cualquier amante de la plática. Lo que, hoy, no podría encarar son las obligaciones que conlleva una promoción, y lo digo con conocimiento de causa pues conozco lo que implica alcanzar un cierto éxito, si bien esa experiencia del pasado la viví con la pintura, puedo intuir las consecuencias de un galardón literario. No, no es una postura antihéroe, es una limitación.

        Es difícil ser optimista en cuanto a una mejoría de la autopublicación, pero tampoco desistamos en el empeño. Con el tiempo, muchas personas que sentían verdadera necesidad de contar, mejor o peor, su historia ya habrán cumplido su sueño; otros, escritores o escribidores, comprenderán que esto de la escritura es mal negocio; los más jóvenes, audaces o amaestrados, afilarán sus teclados; y los más necios, rencorosos o esperanzados, perfeccionaremos el estilo. (Yo, escribidora necia, esperanzada y afinando la voz.)
        Lo ideal, que alguna de estas plataformas de autoedición se situara en una fase intermedia entre la editorial clásica y la plataforma en la que todo vale. Ya sé, entonces habría mutado en editorial…
        Lo que sí está a nuestro alcance es contar nuestra verdad y hacerlo lo mejor posible. Al lector le compite discernir.

        Otro saludo.

        • Efectivamente, cualquier posición intermedia sería una editorial, y un montón de «escritores» migrarían hacia la que no pusiera esa criba. Conclusión, a Amazon y similares eso no les interesa, les interesa que cuanta más gente publique ahí, mejor para ellos. Así que no, no lo harán, su modelo de negocio no es editorial.

  4. ¡Hola, Isaac!
    Por momentos cambio tu nombre por Jacob.
    En estos temas me siento una niña, puede ser porque tengo 23 y quizá porque no me ha llamado mucho la atención de autopublicar. Los demás quieran o no admitirlo, todos podemos leer que cazar la “lotería” de ser publicado por una gran editorial pasa por sus cabezas. El año pasado, tuve la posibilidad de publicar y no sé, si en un arrebato de sabotearme o de leer un contrato que te deja amarrado de manos por 5 o 7 años con la obra y mil cosas más, todo quedó en nada. Hay días en qué me arrepiento, porque he tenido encuentros con editoriales que te piden un 15% o similares, aunque hoy ya no fuerzo nada y escribo para llenar ese enorme vacío que a medida que los años pasaban, crecía más y más. Supongo que yo al menos, no tengo ningún apuro, ya sea económico, me mantengo con mis estudios y escribo sin apuro.
    Besos.

  5. ¡Hola!
    Pues estoy dando mis primeros pasos (o al menos trato de darlos) en este mundo y ya me has pinchando varios globitos de ilusión, aunque no me quejo, todo lo contrario: es bueno estar enterado desde ahora. Me ahorro el futuro sufrimiento :p

    Yo me preocupo por escribir, como tú bien dices, todos días, pero en cuanto a la publicación casi no maquino. Al principio resolví terminar un manuscrito y llevarlo a alguna editorial (¡les hubiera vendido hasta mi alma sin protestar! ahora me funciona mejor la razón) pero luego descubrí la autopublicación y estuve dudando entre hacer una cosa o la otra.
    He visto a algunas personas optar por la autopublicación y les va de maravilla, asumo que es por los lectores que han ganado subiendo sus relatos a internet; personalmente, a mi no termina por convencerme este medio, carezco de talento para la promoción y no tengo un gran número de lectores que me respalden. Por otro lado, esto de las editoriales también es complicado. Alguna que otra ”editorial” me ha contactado, pero resultaron ser contratos engañosos, es por eso que ya no confío (al menos no en esas que abundan en internet).
    Quizás la mejor opción sea participar en concursos, habrá que cruzar los dedos.

    ¡Saludos!

  6. Yo he publicado con dos editoriales distintas hasta ahora y estoy pensando qué hacer con mi tercer libro. La publicación digital no me gusta porque el 90% de lo que vendo es en ferias, presentaciones y porque alguien agarró un ejemplar de mi libro y no quiere soltarlo.

    Gracias por esta entrada, seguro derive gente desde mi blog cuando escriba la siguiente parte de mi curso “Cómo hacer de tu manuscrito un libro”

    • Al final, supongo que quien ha publicado con editorial y no es un superventas, opta por un modelo híbrido, cuando se pueda editorial y de vez en cuando por cuenta propia. Entiendo lo que dices del digital, pero créeme, puede ser una buena manera de ganar nuevos lectores, sin necesidad de ser esos pesados que están todo el día en las redes con «compra mi libro».

  7. Creo que como todo, depende mucho de la edad de cada uno.

    Yo por ejemplo no he publicado de ninguna manera pero algún día me gustaría hacerlo con una editorial por esa cuestión emocional que dices.

    Pero la gente que se ha criado leyendo fanfics en foros o en Wattpad y demás… ¿Pensará igual?

    Yo pienso en la música. Yo me crié comprando discos y me sabía con qué discográfica estaba cada grupo y qué peleas tenían, pero desde que empecé a escuchar la música en YouTube ya no me entero. El concepto “álbum” existe (en digital sobre todo) pero si fueran sacando canciones sueltas ni me enteraría del cambio.

    Creo que eso pasa con todo. Jaron Lanier dice que en 20 años de un libro no sabremos ni el autor.

    Por mi parte otro elemento que veo importantísimo es la traducción. No es solo que una buena editorial puede poner tu libro en Fnac (que es como la lotería supongo) sino que pueden apañárselas para moverlo en otros idiomas colaborando con otras editoriales o en grandes grupos.

    No se me ocurre cómo un autoeditado puede lidiar con eso, las traducciones, promocionarse en varios idiomas, o adaptarse a las leyes de distribución de cada país. Tendrías que crear tu propia empresa.

    En ese sentido lo más parecido son los videojuegos. Quitando superproducciones, lo normal es que el estudio se busque la vida para sacar el juego (a menudo financiando ellos) y el papel de la distribuidora es ponerlo en Steam, moverlo por el mundo y repartir la pasta.

    • Efectivamente un autoeditado no puede hacer todo eso que dices y que forma parte del hecho de que un libro pueda llegar a cuantos más lectores mejor.

      Respecto a lo que comentas sobre si los libros seguirán el camino de la música, he de confesar que ni idea. Los que leemos a menudo somos un nicho, vinieron nuevas tecnologías y no pudieron con el libro físico a la manera de que lo digital pudo con el disco como soporte principal, pero quién sabe, yo también vivo desconectado del mundo exterior y la realidad de los más jóvenes.

      • Un apunte: sí que hay autoeditados que llevan y controlan sus propias traducciones (Joanna Penn, por ejemplo). Pero por supuesto que es más sencillo que lo haga una editorial. También hay autoeditados que cuentan con algunos agentes y editores para llevar algunos de sus derechos en ciertos países. Tampoco hay que ver la edición tradicional y la autoedición como cosas totalmente separadas 🙂

        Por lo demás, muy de acuerdo con lo que dice Javier. Es muy probable que la edad y nuestra relación con el cambio de sistema tengan mucho que ver con nuestras posturas frente a la edición en general.

  8. ¡Así no vale! ¡Tú esto lo haces a propósito para que venga a dejarte comentarios largos! 😉

    Personalmente creo que lo mejor es ser híbrido: colar ciertas obras en editoriales y otras sacarlas tú, según convenga para cada caso concreto. Pero claro, mi situación es especial: he probado ambos sistemas y lo del prestigio literario, que en su momento me lo parecía todo, ahora me parece algo un tanto alienígena (y aleatorio). Sí que entiendo que muchos escritores quieran ahorrarse el trabajo de edición y promoción, pero para lo que hacen muchas editoriales, no sé si realmente es tan buena idea dejarlo en manos ajenas. Personalmente he tenido una suerte relativa, pero veo a demasiados autores que tienen a sus libros pudriéndose por contratos aberrantes. ¿De qué sirve pasar una criba si nadie va a leerte?

    Algunos queremos la interacción y comunicación con nuestros lectores que nos da el manejar nosotros el cotarro, queremos sacar un producto bien hecho, digno (otra cosa es que lo consigamos), y algunos hasta queremos algo de dinero por nuestro esfuerzo, para poder dedicar más horas a escribir y menos a otras cosas que nos gustan bastante menos. Eso no significa que escribamos solo por dinero, claro (creo que nadie que me lea puede acusarme de eso, ejem). Las ventas no son solo dinero, también son validación: muchas ventas son muchas lecturas. Ego tenemos todos, pero tengo la sensación de que cuanto más tiempo dedico a moverme en el mundo literario, más me intriga todo esto de la búsqueda de reconocimiento, de validación a través de nuestros lectores y a través del establishment de turno. Es absurdo: un día estás feliz porque a alguien le ha gustado tu libro y al siguiente estás suicida porque alguien te ha puesto una sola estrellita en Amazon. Menudo balancín.

    (Si tienes estrellitas, claro, porque muchas editoriales ni se molestarán en ponerte en una de las plataformas más grandes del mundo).

    Me gusta que alguien reconozca que busca ese prestigio: eso no es malo ni bueno, solo depende de los objetivos honestos de cada uno. Pero no todos buscamos lo mismo. Creo que tenemos que darnos esa validación nosotros mismos, con un esfuerzo constante por progresar en nuestro arte y un estudio constante (con ayuda de profesionales, también) de lo que hacemos. Si solo buscara validación en mis lectores o en los editores a los que les he mandado manuscritos, me pasaría todo el día llorando por el dichoso sesgo negativo, consideraría que no sirvo para nada por aquello que me dijo una vez Gftt33_pollasfritas y dejaría de escribir. Y a lo mejor es lo que debería hacer. Pero no podría, entonces, seguir aprendiendo y progresando. Porque yo creo en el arte y blablablá (que sí, que es morirse de frío).

    Cada escritor tiene objetivos diferentes y probablemente no todos sean como los tuyos (o como los míos). Creo que son objetivos complejos, con un poquito de aquí y un poquito de allá. Y eso está perfecto.

    • Gftt33_pollasfritas era yo, nunca te lo dije. Lo otro que sí te dije era por celos, como casi siempre en esos casos.

      Yo también creo que la solución es híbrida, y precisamente por eso, no le viene mal al híbrido que le hayan publicado (aunque no le hayan promocionado, ni cuidado, ni nada) de cara a sus siguientes proyectos por cuenta propia, porque quieras que no convence más el proyecto propio de alguien que ya ha sido publicado por otros.

      Los objetivos de cada escritor son diferentes, totalmente de acuerdo, aunque creo que compartimos un fondo de ego y reconocimiento que, en cierto modo, se calma mejor cuando uno ve a Anagrama o lo que sea bajo su nombre.

      Como humanos que somos nos atrae irremediablemente el poder a menos que nos llamemos Frodo o Sam. Pero como no somos vikingos que ejercen el poder en persona y con la espada, pues los escritores somos blandos y en mi caso refunfuñones de escaso atractivo, somos lo que a veces se denomina personas de alta motivación de poder socializada. Es decir, aquellos que reciben mayor recompensa interna al ejercer un dominio mediante medios sociales (ejemplo: una estrella del rock influencia a mucha gente, la mayoría de manera indirecta sin ni siquiera conocerles nunca, a través de sus obras igual que hace un escritor). Y en ese sueño de poder, afrontémoslo, es una editorial grande la que nos puede llevar a los escaparates, a las traducciones, a las firmas en el p… Corte Inglés. Que no lo va a hacer, que es el sueño de la lotería, pero es que con esas ilusiones jugamos.

      Total, que me escribas el contenido, que soy un vago. O Gftt33_pollasfritas contraatacará de nuevo.

  9. De nuevo, verdades como puños, Isaac; pero me ha surgido una cuestión: por lo que se comenta, algunos (no sé si muchos) autopublicados son finalmente fichados por las editoriales, y entiendo que es por la visibilidad que da la autopublicación de alguna manera. es entonces un posible primer paso para publicar con editorial? o los casos no tienen que ver con la autopublicación primigenia sino que fueron llamados por otras circunstancias de la vida?

    la deficiencia evidente de la autopublicación (tampoco entiendo mucho) es que cualquiera puede publicar cualquier cosa, lo cuál arroja demasiada precariedad. puestos a leer algo autopublicado puedes encontrar cualquier cosa (terrorismo intelectual). supongo que cuando lees algo autopublicado suele ser de un amigo o aconsejado por alguien de confianza o por ejemplo si se menciona en hojaenblanco o blogs similares. o hay que gente que consume autopublicado por que sí?

  10. Hacía tiempo que no leía un artículo tan bueno sobre el mundo editorial y tan bien escrito. Escribo y publico con Penguin Random House y me he visto totalmente identificado. Gracias por esta maravilla.

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