Qué influye realmente (y qué no) para tener ese impacto en la escritura que todo el mundo desea (parte 1)

impacto libro

Sí, tú también lo deseas. Sé que no se escribe sólo para publicar y para que te lean, para ser Zafón y que tus marcapáginas estén en mi biblioteca pública, y que yo parezca un vampiro ante la cruz cuando me los ofrecen, como pasó el otro día.

Pero aunque no se escriba sólo para eso, es cierto que todos anhelamos en mayor o menor medida ese impacto, tener nuestro libro en todas partes, que venga alguien a que lo firmemos, que se acerque otro alguien a decir: «Me gustas más que el resto»

Podemos quererlo mucho o poco, pero lo queremos, (casi) nadie que lee esto diría que no en caso de que se lo ofrecieran.

¿Y cómo tener ese impacto?

En general parece haber casi una sola escuela de pensamiento para conseguirlo en el caso de la escritura: Promoción y marketing, auto, para más señas.

Esta es una opción que, aunque puede proporcionar resultados (limitados en algunos casos y casi nulos en la mayoría) no van a ser nunca los mismos que si te publica una editorial.

Es así y me da igual cómo se pinte el nuevo fenómeno de la democratización de la publicación con Internet, etcétera. Los escaparates, el presupuesto y la distribución son de las editoriales (de unas pocas) y esa es la verdadera clave para dejar una huella como Rowling, Hemingway, Oates o la de Crepúsculo que ahora no recuerdo cómo se llama.

Si ese es tu sueño arquetípico, amigo, el del impacto como escritor tal y como se suele entender y que en su día nos hechizó a casi todos, tarde o temprano ha de aparecer una editorial en la ecuación.

Si tu sueño es otro, allá cada uno.

La cuestión es que esa escuela casi única de pensamiento se basa en que tan importante como escribir es publicitar lo que escribes, porque si no, obviamente, ¿quién narices va a saber que estás ahí y lo que has escrito?

Uno suele rendirse pronto ante la aparente lógica de todo esto, que alguna tiene, pero no la que parece y con tantos matices que se podrían escribir páginas y páginas. Sin embargo, la cuestión es que uno hoy ha de ser autor y feriante. Es un mal inevitable si escribes y son los tiempos que nos han tocado.

En este estado de cosas la malaltía que empieza a aquejar a muchos pequeños escritores es que pronto esa publicidad empieza a quitarle tiempo a la escritura, que de por sí ya era escaso porque, ya se sabe, la vida no se ve muy impresionada por tus letras (aún) de modo que el pan y la luz siguen costando dinero.

Ahora has de escribir, estar en las redes, tener un blog, pensar promociones, saber de marketing… No es raro que una de las quejas más habituales del escritor en ciernes es que no llega a todo y se ve desbordado. Y que la primera víctima de eso suele ser la última que deberíamos ejecutar, la escritura en sí.

Pero he aquí el jarro de agua fría que nos llevamos pronto: La realidad es que tú o yo, o alguien con una dimensión similar y con nuestra humilde «plataforma» y nuestra humilde «marca» (estoy ya del concepto…) apenas vamos a poder influenciar en vender un puñadito de libros a través de la web o Amazon. Y eso si nos esforzamos mucho cada día.

¿Por qué? Porque somos demasiado pequeños y estamos solos.

No digo que el marketing no funcione, el marketing puede ser un arma que, bien aprendida, tiene una función, pero ese no es el problema básico que muchas veces preferimos ignorar. El problema es que yo te puedo dar un arma que funcione y mandarte a una batalla enorme en la que estás tú solo. Ahí dispararás un par de veces antes de caer agotado y apenas habrás abierto mella en el «enemigo», que es gigantesco.

Sin embargo, las editoriales (grandes, esencialmente) pueden usar la misma arma que tú y conseguir un impacto, ¿por qué? Porque en esa batalla son el equivalente a un ejército armado y no a una sola persona armada como es tu caso.

Y es así, apenas hay casos de impacto personal excepto al hablar de megaestrellas de Twitter o Youtube que se hicieron inicialmente famosos por razones ajenas a la escritura, o los casos de megaescritores como Reverte o el Jurado, que se hicieron inicialmente famosos en el sector gracias a una editorial, no a una plataforma, Twitter o similar.

Esos gigantes personales y no editoriales son el equivalente a su propio ejército, pero nosotros, con nuestra pequeña arma ante un enemigo tan grande como es la indiferencia (y la competencia contra otras miles de cosas y libros) vamos a mover muy poco la aguja de las ventas, especialmente cuando se trate de nuestra ficción, mi principal foco aquí.

¿Qué ocurre entonces? Que como vemos poco resultado pensamos que quizá lo que hayamos de hacer es esforzarnos aún más en la promoción. Escribir más para el blog sobre nuestro libro, aplicar yo qué sé qué táctica nueva, duplicar los tuits que anuncian nuestra magnum opus

Esta es una reacción habitual en las personas y pronto la falacia de los costes hundidos nos ahoga, no sólo no dejamos de hacer algo que a todas luces apenas está teniendo efecto, sino que encima insistimos.

Así, nos sumergimos cada vez más en el marketing y menos en la escritura, aflora aún más esa sensación de que no llegas a todo, de que no firmaste para esto y, ¿qué ocurre? En muchos casos acentuamos el error de base, dejamos de escribir todavía más, para hacer tiempo adicional a la promoción de lo escrito.

Hemos abandonado el arte y la principal razón de ser y, encima, sin darnos cuenta empeoramos la situación si insistimos más. ¿Por qué?

Porque eso sólo acelera un círculo vicioso que en economía se llama rendimientos decrecientes. Es decir, que te esfuerzas cada vez más para obtener cada vez menos resultado.

Analicemos fríamente. Tus seguidores de Twitter o lo que sea, ese 3-5% (siendo optimista) que realmente te hace caso o te lee alguna vez, no va a comprar porque hayas redoblado tu mareo de promoción programada allí.

De hecho, es al contrario, se alienan porque ahora cada vez más ven una publicidad que, como son los que te leen, ya han visto muchas veces antes. Si te han comprado ya, entonces no tienen interés en ella, si no te han comprado, que repitas cien veces lo mismo sólo les quita cada día más las ganas.

Y aún con todo esto, ese no es el peor efecto de ese círculo vicioso, el peor efecto es que abandonar al arte y escribir menos hace que no vaya a surgir toda la «inspiración y el talento» del que eres capaz a base de práctica. Hace que no seas mejor e incluso, oh, sorpresa, tu habilidad para contar historias se oxida y retrocedes.

Porque es así, escribir bien es una habilidad. Uno de los motivos del soniquete de «hazlo todos los días» es para que no seas el boxeador que dejó de pelear durante meses, y al volver al ring tiene el único resultado posible: una buena paliza como la que te da la hoja en blanco al volver de tu ausencia (tu hoja en blanco, no esta web, esta web da obviamente otras palizas, pero no esa).

Si además de ser lo mejor que puedas ser escribiendo (el único objetivo que habríamos de tener en un mundo ideal) pretendes ser leído y reconocido, la verdad es que con una habilidad mediocre y una escritura oxidada no vas a crear nada relevante.

Así no escribirás nada que amen y odien por igual ahí fuera (el signo de que has dado con algo que merece la pena). De hecho, estás afectando a la que, probablemente, sea la verdadera clave para ese impacto que ansías en el fondo de ti.

Como incidiré en una próxima segunda parte, en este mundo de probabilidades, lo que tiene más para ese impacto seguramente no son tuits ni listas de correo, sino esa habilidad de, por fin, ir generando escritura excelente y prolífica a base de dedicar más horas al arte, no menos.

¿Entonces la clave es más escritura y menos promoción? No hay ninguna clave que te vaya a dar un éxito seguro, ¿qué esperabas? Todos los caminos del escritor tienen tan pocas probabilidades de llegar a ese impacto que es literalmente irracional dedicarse a esto y pretender ser un grande.

Sin embargo, la respuesta es, probablemente sí.

De todos esos caminos imposibles, seguramente el que lo es un poco menos pasa exactamente por ahí. Sé el mejor que puedas para llegar a unos cuantos más profundamente de lo que les llegarán otros, y probablemente tendrás más papeletas para generar ese impacto.

Y de por qué es así, incluso con unos cuantos números en la mano, hablaremos en el próximo episodio.

19 responses

  1. Vender muchos libro por tu cuenta y autopromocionándote es algo posible, pero bastante difícil. La única vía que veo factible es tener millones de suscriptores en un canal de YouTube, cosa bastante difícil con el tema de la literatura porque la gente prefiere ver vídeos de videojuegos estúpidos o de chorradas.

    En conclusión: sí, también he llegado a la conclusión de que si quieres publicar y tener un impacto fuerte en la sociedad, y por qué no, en la historia, ha de haber una editorial de por medio, y una editorial de las tradicionales, no de autopublicación o digital. De momento el model tradicional sigue tan vigente como siempre, aunque muchos quieran convencer de lo contrario.

    • Has dado en el clavo, en unos cuantos, de hecho. Al final es así, las editoriales pueden no mover un dedo por ti, que no lo moverán en el 99% de los casos, pero la realidad es que si quiere uno el impacto del que se habla aquí, no puedes quitar a la editorial de la ecuación.

  2. Querido Isaac,
    Estoy de acuerdo en parte y en parte, no. Estoy de acuerdo en que escribir es lo fundamental. Si no escribes, si no mejoras tu escritura, de nada te sirve el marketing. De la misma manera que, por mucho marketing que hagas, si tu libro es malo, malo a rabiar y no has invertido en corrección, maquetación e ilustración, posiblemente no vendas nada.
    El problema radica en que la editorial actual ya no te hace marketing más allá de los dos primeros meses. Y, a veces, ni eso. Con lo cual, tú puedes firmar con Planeta (pongamos como ejemplo) que, como no te hayas formado en marketing online (cosa que, por otra parte, ellos mismos te exigen si van a hacer en ti una inversión de más de 5000 ejemplares), te comes los mocos :S.
    El equilibrio ideal es el del autor que asume que tiene que funcionar como una empresa unipersonal (el escritor emprendedor) y, de la misma forma que tiene que aprender de gente que sabe más que él en escritura, tiene que aprender a gestionar su obra. Y simultanea las dos cosas: edición tradicional con autoedición.
    El marketing no consiste en repetir mil veces la misma cosa en redes (eso no funciona) y escribir sobre tu libro no es una buena táctica de marketing.
    Te lo dice alguien que ha vendido 10000 ejemplares de su última novela autopublicada. Y tres ediciones en España y Latinoamérica de las de edición tradicional. Alguien a quien el marketing online le ha cambiado la vida. Y puede que no me paren por la calle (alguna vez me ha pasado), pero es que mi objetivo no era ser famosa. Mi objetivo era vivir de escribir. Y eso, lo he conseguido.
    ¿Sabes qué? Que creo que un comentario se queda corto para contestarte esto. Más aún sabiendo que viene otra entrega ;D.
    Esta semana no, porque mi post ya está montado y programado, pero la que viene —el jueves 22, para dar entrada a la Navidad— te voy a dedicar el post de Marketing online para escritores (otra vez ;D). Y te contesto con fundamento (como decía mi abuela).
    Besos.

  3. Me parece un buen artículo, y tienes mucha razón. Mucha gente se piensa que por pegar la paliza en facebook o en twitter van a vender más, pero yo he dado de baja de mis cuentas a gente por pesada. Ya sé que has publicado un libro, sí, he visto tu anuncio 10 veces esta semana, que nooo, tío pesado, que no lo quiero comprar. Ale, otra vez anunciando el libro, qué pesadito…
    Así hay muchos y a esto algunos le llaman marketing, cosa que no es.
    Hay quien hace lo de “tú tuiteas mi novela y yo la tuya”. Algo puede hacer, pero si te hinchas a hacer retuits de novelas de otros también cansas. Sí, ya he visto que tienes un amigo que ha escrito una novela, lo has compartido 8 veces esta semana, no me interesa.
    Y en cuanto al blog, sí, un blog potente seguramente te traerá lectores, y eso también es marketing, ¿no? El problema es QUÉ CONTENIDO le metes al blog que atraiga gente y sea original. ¿Hablar sobre la escritura? (hora pegas una patada y salen 10 blogs sobre escribir de debajo de las piedras). ¿Contar cómo te va escribiendo? (eso solo le interesará a tus seguidores habituales, no a nuevos), ¿poner tías en bolas? (oye, igual hace algo…).
    Así que, estoy de acuerdo en que lo más importante es escribir, aunque el marketing también debe ocupar su lugar (secundario), pero un marketing con cabeza. Lo malo es lo que comentabas: los que tenemos curro (y encima somos padres de familia) tenemos 1 hora al día como “tiempo libre” (algún valiente tendrá 2 o incluso 3, eso es que no se limpia la casa él).
    En esa hora, o escribes o haces marketing, difícil hacerlo todo a la vez

    • Al final es así, en el mundo real el tiempo no es que sea limitado, es que vivimos ya casi tiempo prestado. Al final, como todo en la vida, es elección y compromiso, pero es que además, una hora de marketing que le robes a la escritura, desde tu «plataforma» o como quiera que se llame, no va a marcar una diferencia.

      Y es verdad que toda esa promoción pesada no es marketing realmente, pero es la más prevalente, lo cual dice mucho de la cualidad del escritor, tanto para hacer marketing como para entender lo más básico.

  4. Hombre Isaac, pasar el tiempo leyendo blogs de gente que sabe (y escribe) mucho y mejor que uno, tampoco ayuda 😀

    Estoy de acuerdo en que si no hay un producto válido, por mucho márketing que hagas no te servirá de mucho. Puedes engañar a la gente una vez, pero (en principio) no más. Hay que adaptarse a los nuevos tiempos dentro de lo posible.

    A mi también me fastidia la gente que en sus redes sociales sólo pone frases para que compres su libro, sin hablar de nada más. A esa gente acabo primero por silenciarla y después cuando me doy cuenta de la tontería que es la opción de silenciarlos, dejo de seguirlos directamente. Sólo consiguen eso en mi caso.

    Pero también es verdad que si no vas colando de vez en cuando el mensaje de que tienes un libro (o más de uno) nadie va a venir por arte de magia a comprártelo.
    Es difícil encontrar el término medio y más si además de la escritura tienes una vida (y otro trabajo) al que dedicarle tu tiempo.

    Poner las cosas al alcance de todo el mundo tiene sus consecuencias, o si no que se lo digan a los hijos de madres con Whatsapp, a lo fácil que es hoy en día (comparado con hace años) hacer “música” y grabar un disco, o hacer vídeos para subirlos a Youtube… el problema es que escribir se supone que sabe todo el mundo (digo juntar letras y palabras unas detrás de otras) y si luego llega Amazon a ponértelo más fácil aún y gratis… pues el monte se llena de malas hierbas. Y todo Dios a promocionar su libro.

    Con ganas quedo de leer la segunda parte de la historia. Me gusta lo que dices y cómo lo haces, no es fácil encontrar blogs que no te vendan la moto con lo maravilloso que es todo.

    Un saludo.

    • La cuestión es, tienes que decir que tienes un libro, pero una vez dicho eso y puesto en un sitio que se vea más o menos cuando te visiten o busquen tu nombre, las acciones de marketing de un escritor sin un apoyo editorial no dan demasiado rendimiento en la gran mayoría de los casos. Que sí, que alguna excepción hay, pero es que todas las semanas hay un ganador de lotería y eso no significa que sea algo que funcione ni que sea racional para conseguir tus objetivos.

      No te preocupes, yo te convalido que leas lo que escribo por horas de trabajo. Te hago un justificante sin problemas.

      Un saludo.

  5. El éxito no es la llave de la felicidad; la felicidad es la llave del éxito.

    En esta frase (que erróneamente más de un@ interpretará como una simple frase de autoayuda, como una almibarada distorsión de la realidad, como la sentencia dañina y efímera de “Tú puedes”) está inmersa la mejor y más útil herramienta para el escritor: la meta no es vender libros; el objetivo no es (o no debería ser) la consecución de un bestseller.

    Primero, busca un trabajo que te permita tener tus necesidades básicas cubiertas, y luego saca horas para escribir (y para leer) de donde el reloj no las tiene, y haz Arte, haz que la ficción emerja en la realidad, haz que lo que inventas se adhiera a la piel del lector tanto o más como lo hace la Verdad. Los lectores entenderíamos que alguien se suicidara por leer Romeo y Julieta, pero no nos cabría en la cabeza que alguien lo hiciese por imaginar (¿en un sueño?) el suicidio de un familiar. ¿Por qué? ¿Qué hizo Shakespeare para desplazar la realidad? ¿Cómo metieron él y muchos otros una ‘mentira’ dentro de la realidad? Escribir (y leer) debe ser una forma de entender el destino, no sólo su significado, sino también su carácter inamovible y represivo, como cuando ves que Raskolnikov se entrega a pesar de que lo tiene todo (¡todo!) para salir inocente y sin cargos.

    Yo no descarto ser escritor cuando me jubile o cuando esté cerca de la jubilación; quizá antes, quién sabe. Pero si al final me pongo a escribir, tengo muy claro que o la editorial apuesta de manera firme por mis libros y decide darme publicidad, o mis novelas se quedarán dentro del portátil. Me enerva ver cómo buenos autores se desesperan intentando promocionar sus textos en las redes sociales.

    Un saludo

  6. Tenemos ejemplos de autores como el mencionado Zafón que pasan de Twitter y lo petan. Aunque se pueda decir que él ya era alguien antes de que internet reventara la industria, hay otros casos como el de Javier Negrete. Javier Negrete es un autor actual, que tiene el Twitter parado no sé si tres años o más, no dice ni mú por las redes, y sin embargo vende libros a chorrón. ¿Por qué? Porque escribe dos de los géneros que más tiran (fantástico e histórico) y porque tiene a Planeta apoyándole.

    Y a Planeta le da bastante igual que pase de Twitter.

    Creo que lo de las redes sociales es un filón que mucha gente utiliza para tener algunos ingresos en estos tiempos tumultuosos. Que es mejor un blog que no tenerlo está claro, igual que una editorial tocha hace en una semana lo que Twitter en un año.

    • Una editorial tocha hace más en una semana (si se pone, claro) que el Twitter de cualquier autor «noRevertiano» en un par de vidas completas. Esa es la cuestión.

      La mayoría de los que venden a porrones, si a vender lo circunscribimos, no lo hacen a causa Twitter o no saben ni qué es eso, efectivamente.

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