Qué influye realmente (y qué no) para tener ese impacto en la escritura que todo el mundo desea (parte 2)

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2016, qué año, aunque entre toda la mierda algunos siguen queriendo hacer y saber más allá del montón de idiotas que parece haber conquistado estos meses.

Uno de esos que aún quiere saber cosas es Albert Laszlo que, el mes pasado y junto a varios de sus colegas, se puso a desentrañar algo muy curioso, cogiendo un montón de números y averiguando qué le estaban queriendo decir. Estos números.

Laszlo publicó en la revista Science un trabajo llamado Quantifying the evolution of individual scientific impact, donde analizó una enorme cantidad de datos (eso del big data tan de moda ahora) para diseccionar la carrera de publicación de 2.800 científicos.

Quería determinar qué factores predecían mejor la probabilidad de que dichos científicos consiguieran publicar investigaciones que causaran un impacto, que supusieran un verdadero avance en sus campos.

En las conclusiones del estudio, dos hallazgos principales destacan sobre el resto.

  1. Cuantos más resultados producía un científico en un determinado periodo de tiempo, más probable era que produjera algo muy bueno de alto impacto.
  2. La habilidad cuenta. Este concepto de habilidad es un factor Q en el estudio que se refiere a algo tan esquivo como una mezcla de la inteligencia, la capacidad, el entrenamiento que ha recibido… en definitiva, «lo bueno que eres».

Este trabajo, innovador en su clase pues nadie se había puesto con algo así, tiene una serie de implicaciones muy interesantes.

La primera es que terminar cosas importa. Un rasgo típico de los que consiguen llegar lejos es el hecho de que terminan lo que empiezan y son prolíficos.

No dejan de hacer, cada día, todos los días.

Para seguir, no sólo la productividad importa, obviamente. Puedes hacer mucho y que sea mierda. Por eso también importa la habilidad, pero he aquí que una cosa se retroalimenta con la otra y que esa habilidad nace de la buena práctica, que no consiste en escribir cada día el mismo remedo del episodio de serie de acción que viste anoche.

No voy a volver sobre el tema, está más que demostrado y quien quiera que lo crea y quien no que siga hablando con las hadas, pero el talento y la habilidad, escribiendo, pintando o siendo científico depende de la práctica.

Ahora, ¿qué tiene que ver todo esto con la escritura? Mucho más de lo que parece.

Por desgracia es imposible poder hacer algo así en el campo del arte con números en la mano, y hay que tener cuidado en extrapolar las conclusiones tal cual, pero apostaría el brazo con el que no escribo, y no lo perdería, a que la posibilidad de crear un impacto literario está también más explicado por estas mismas dos variables que por otras.

Conseguirlo en la escritura seguirá siendo una posibilidad diminuta, remota, porque de veras que crear un impacto literario (entendiéndolo en los términos que expuse en la primera parte) es algo tan probable como que te toque la lotería. Pero puestos a examinar, estoy seguro de que esos datos serían similares y que si uno ha de apostar en la ruleta, mejor hacerlo a esos dos números:

  • Sé jodidamente bueno.
  • Sé jodidamente prolífico, en parte para ser bueno y en parte porque, si estás metido en un sistema de probabilidades tan bajas como es crear un impacto literario, lo racional y lo matemático es hacer todos los intentos que puedas.

Es decir, el dado que tiras sólo da premio si sale una cara de las cien que tiene, y apenas vas a modificar la configuración del dado a menos que seas tan iluso como para creer que tú solo desde tu casa vas a cambiar las reglas de juego en el mundo. ¿Qué puede hacer alguien en esos casos para aumentar sus oportunidades?

Más intentos, más tiradas de dado.

Puedes vivir en tu mundo de fantasía creyendo que tu primera o tercera novela va a ser esa que revolucione el panorama de los libros, pero la realidad es que no, que las primeras y terceras novelas suelen ser un asco. Tienes más probabilidades de hacer algo bueno que capte la atención sólo tras mucho tiempo e intentos.

Para el impacto necesitas un libro increíblemente bueno, y no hay manera de escapar a eso. Y no, el enésimo clon de historia de Dan Brown no vale.

Y no, tampoco eres Kennedy Toole, no eres el copo de nieve especial sólo porque te lo dijeron en paŕvulos. Se lo dijeron a todos, joder. ¿Has mirado ahí fuera? Hay miles y miles de escritores bombeando novelas, nos ahogamos en ellas, buena suerte acertando en la diana a la primera y apenas sabiendo usar el arco.

En la escritura tenemos esa eterna distorsión de pensar que es un arte «fácil». Si a mí me preguntas que cuando creo que voy a hacer algo bueno con el violín, te voy a responder que dentro de muchos años, cuando haya creado mucho y practicado más. Eso es lo racional. Pero de nuevo con la escritura vivimos en nuestro mundo de fantasía donde al parecer no tenemos que pagar precio para ser los mejores. Yo con mi primera novela ya lo voy a reventar, sólo tengo que metértela garganta abajo con toda mi promo.

La escritura no es como el violín, pero resulta que sí, que lo es, así que no le faltes el respeto a tu arte porque sólo con pasión escribes mierda apasionada. La escritura, de hecho, es más difícil que ese violín, empieza a tratarla como tal.

Así que las posibilidades de causar ese mismo impacto de aquellos grandes autores que admiras y te inocularon el virus de la escritura, pasan por ahí seguramente. Escribe mucho y escribe bien, que es producto de la práctica, porque además ese estudio nos da otra clave.

El mundo de la publicación científica no es como el literario, cierto, la inclinación a lo rentable, aunque presente en los dos mundos, es mayor en el literario. Una editorial está más dispuesta a publicar pura mierda si cree que va a vender, mientras que las publicaciones científicas, aunque han recibido metralla por estar también condicionadas por el dinero, tienden a publicar más lo que suponga un avance en su campo, algo realmente reseñable, tenga valor económico o no.

La cuestión es, el universo de ese estudio es similar al editorial. De hecho el sistema de publicaciones científicas es un sistema editorial. Tú expones tu trabajo, un comité de expertos lo valora (sistema de peer review se llama) y decide si es merecedor o no de ser publicado.

Si ese sistema no se parece al editorial literario, no sé a qué se parece entonces.

Dentro de todo lo que se publica por puro dinero en literatura aún hay un (cada vez más pequeño) hueco en algunas editoriales grandes y en otras pequeñas para lo que tiene un cierto valor literario, no sólo comercial, según lo entienda cada una de esas editoriales.

Porque al final esa es la cuestión, como también se dijo en la primera parte de este artículo. Si quieres crear un impacto literario tal y como se definió allí, en la ecuación ha de haber una editorial por medio.

Así pues, ¿quieres acercarte a ese ideal de ídolo literario que te causó un impacto a ti y te inspiró? ¿A esos que ves en las entrevistas y las firmas? ¿Quieres seguir sus pasos? Estás jugando a la ruleta, pero ya que te pones, el camino que parece con más probabilidades (pocas) de dicho impacto no pasa por el autobombo, pasa por: sé el mejor escritor que puedas, escribe mucho y tira el dado más veces de esa manera, igual que tira el dado todas las veces que puedas a la hora de que una editorial te eche el ojo.

¿Lo conseguirás? La verdad, seguramente no (¿soy un encanto o qué? Inexplicable que acabe otro año y no me haya casado tampoco).

Igual te quedas a medio camino, igual una editorial grande te hace caso por fin y, aún así, el 99% de las veces no va a poner su marketing a tu favor (que el suyo sí funciona) y te quedarás igual de ignorado que siempre.

Pero si uno deconstruye (otro palabro que odio) a los que lo consiguieron, esos factores siempre están presentes. Son, como dicen en matemáticas, condiciones que parecen necesarias, aunque obviamente no son suficientes para conseguirlo. Está el factor suerte también, amigos, que es el más poderoso como en la lotería.

No es que este estudio haya formado mi opinión precisamente, es algo que concluí hace ya mucho, especialmente cuando toqué el tema de la autopromoción y vi el verdadero resultado que puedes obtener.

No soy el único autor que piensa eso, que le han vendido que la cosa hoy pasa por hacer ruido y, al final, sólo consigues ser un odioso generador de ruido. Eso es algo que no le gusta a nadie y, encima, estás quitando tiempo y esfuerzo de lo que más probabilidades tiene, seguir escribiendo en lugar de seguir promocionando.

En esa línea, la autora Delilah S. Dawson, que sabe bastante más que yo, escribió el año pasado su fenomenal artículo Please shut up: Why self-promotion as an author doesn’t work. Si alguien se ve identificado por esta situación actual de autobombo y literatura, que lo lea.

Cito un par de párrafos traducidos:

Así que si eres un escritor que se preocupa tanto por el marketing online como yo, el mejor consejo que puedo darte es relájate y escribe tu siguiente libro. Centra tu energía en lo único que tienes bajo tu control: escribir el mejor libro que puedas. Céntrate en editar cada frase para hacerla cantar. Céntrate en ayudar a tu editor a crear un buen gancho y un texto de portada fabuloso.

[…]

Fui a una charla de la conferencia RWA llamada «Cómo escribir un bestseller» y le pregunté a dos ponentes que cuál fue el factor número uno que contribuyó que pasaran de ventas medias a bestsellers, y los dos parecieron muy incómodos y respondieron: «Simplemente seguimos escribiendo». No pudieron apuntar a una acción relacionada con el Markting. Y desde luego no dijeron: «Enviamos un montón de privados automáticos en Twitter con enlaces a nuestros libros».

La receta parece ser: UN GRAN LIBRO + TRABAJO DURO + TIEMPO + SUERTE

Y un escritor sólo puede controlar tres de esas cuatro cosas.

Y lo voy a dejar aquí, porque me empiezo a aburrir de mí mismo y voy a terminar con unas dos mil palabras. De hecho, lo voy a dejar con otro artículo de Dawson que escribió desde la perspectiva contraria porque creo, oh, herejía, que uno puede tener dos ideas contrarias en su cabeza y no explotar. Wait, Keep Talking: Author Self-Promo That Actually Works

Tenía algo así como otras mil quinientas palabras más en bruto al respecto, con opiniones de otros autores autopublicados que han estado ahí, venden un porrón en Amazon y similares y saben que no es gracias al marketing que hacen. También cómo muchos autores no entienden bien eso tan básico de que la causalidad y la correlación no son lo mismo a la hora de mirar marketing y ventas, ni al parecer tampoco se han parado a hacer unas simples operaciones matemáticas básicas. Iba a meterme en cuál es realmente el único concepto «de marketing» que puede tener un efecto poderoso para un autor desconocido, el único, y cómo curiosamente no puedes generarlo con autobombo y, de hecho, lo matas si lo haces. Pero es que ya no me parece interesante, de veras. Hoy quiero hacer cosas útiles y esto ya es llover sobre mojado.

El que crea en el «impacto» tal y como se define aquí, quizá esto le dé que pensar si es que no lo sospechaba ya, que seguramente lo hacía. Así que sí, la respuesta es sigue escribiendo y no se te ocurra robar una sola hora de escritura a cambio de autobombo. Ten una web, intenta establecer relaciones en el sector editorial y ya está, aparte de eso, escribe, escribe y escribe, sigue aumentando las probabilidades por el lado lógico.

Quien no, me parece genial, en serio. Yo no tengo la verdad y tampoco la quiero. Lee el segundo artículo de Dawson que he enlazado ignorando el primero, y piensa que, efectivamente, no tengo ni puta idea de nada.

10 responses

  1. Me ha encantado este artículo. Suena enfadado y se me pone cara de ira al leerlo. A parte de lo bien que has creado una atmósfera de tendión, a mí me enfada ese “es todo márketing”. Además, me duele, porque si es cierto estoy perdida. Ya había comentado alguna vez que tus artículos pesimistas resultan motivadores: aludes al trabajo (a lo controlable) como base del éxito literario. Cada una tendremos nuestra opinión sobre en qué consiste ese éxito, pero eso de escribir algo trascendente se acerca bastante a mi objetivo y no puedo aceptar que pase por el “autobombo”, que suena a que has escrito un libro que no le importa a nadie más que a ti.

    • Yo no veo que mis artículos sean pesimistas, que no venda un mundo rosa, porque el mundo no es rosa, no implica pesimismo alguno. Amo lo que hago y procuro respetarlo. Y si me preguntan, eso es lo que digo y transmito. Efectivamente, el trabajo es lo único que puedes controlar.

  2. Hola, Isaac.
    Me has fastidiado mi plan de “petarlo” con la publicación de mi primera novela, gracias.
    Estoy seguro de que los golpes de suerte existen, pero también de que en la gran mayoría de los casos, si no en todos, hay un largo y duro trabajo de los autores detrás. Aunque nos vendan lo contrario.
    Y sí, a mi también me molestan mucho las personas que, en Twitter normalmente, abusan del “Compra mi libro”.

    Un placer (y muchos cubos de agua helada a veces) seguir leyéndote.

    Saludos.

    • Vivo para romper sueños, me alimento de ellos, porque de escribir seguro que no.

      El trabajo duro es inexcusable, es una de esas condiciones necesarias, pero no suficientes, para hacer algo bueno. Todos esos éxitos de la noche a la mañana tienen muchos años oscuros detrás, todos. Pero como bien dices, eso no vende. Mil personas trabajan muy duro, ¿quién «triunfa»? La realidad es que lo hace aquel al que la suerte le toca con el dedo, por ningún motivo en especial.

      Saludos.

  3. Hola Isaac
    No me queda más que reconocer que tienes razón.
    No creo en la suerte y si existe, esta la moldeamos nosotros al través del esfuerzo continuo.
    Ahí está entonces, a escribir mucho hasta encontrar el impacto literario y la otra variable de la ecuación, la editorial.
    Saludos
    JC

  4. No podría estar más de acuerdo. Ya sea por jugar a más números de esa lotería que es la suerte o simplemente porque al escribir deberíamos aprender. Cuanto más lo hagamos, mejor deberíamos hacerlo y a la vez más números de la suerte tendríamos. No queda otra que perfeccionar, intentar ser mejor cada día y escribir, escribir, escribir. Que es muy fácil decir que tienes el sueño de ser escritor, lo que parece complicado es responder a la pregunta ¿y qué has escrito?

    • Si alguna vez un escritor se pregunta si debería estar escribiendo o promocionando, y no tiene esa respuesta clara…

      La mayoría de los que se dicen escritores sólo están enamorados de la idea de serlo, pero el trabajo de sentarse cada día, ay.

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