Retales sueltos de tres reinas crueles

las manos del camino

Las cosas que se quedan fuera de una historia, lo hacen por una razón. Para mí, borrar es la parte más difícil de escribir, ya sean pedazos enteros que no encajan o la poda de frases para que queden mejor y menos bonitas.

Como ya he comentado, multitud de cosas han quedado fuera de Tres reinas crueles. Capítulos enteros, personajes, direcciones en las que iba la historia principal y que se desviaron hacia donde no pensabas. Todo toma vida propia en cierto momento de la escritura y es que uno empieza con una idea y acaba haciendo cima en otra muy distinta. Quizá por eso no soy planificador hasta el detalle,  he aprendido a abrazar ese caos (con aprensión, eso sí, que abrazar no me impide odiarlo de todos modos).

Así que, como curiosidad, he aquí una pequeña cosa que nunca llegó a ocurrir en Tres reinas crueles. La mitad central del texto está arrancada porque revela algo que sí sucede. Al principio tenía la idea de ir poniendo en esta web, durante los próximos días, más pedazos sueltos que se quedaron fuera, pero conforme escribo esto, me va pareciendo peor idea. Una novela no es un relato, no tiene el mismo “tempo“, no se puede escribir igual, leer un pedazo de novela sin contexto es muy distinto a un cuento breve. Esos pedazos son cosas deshilvanadas y extrañas, pues falta el todo que les da sentido.

Y que insisto, si se quedaron fuera, es por una razón. No obstante he aquí este retal y ya veré si alguno más asoma por la página.


Se sentó al borde de la cama y se miró las manos, como para saber de quién eran y qué hacían pegadas a él, porque las suyas siempre fueron las manos de un cobarde, finas, sin cicatrices porque no se enfrentó a nada. […]

censuradoRecordó todo aquello, eran cosas de un otro muy lejano y ahora sus manos tenían marcas del camino, pocas veces estaban limpias y en la base de los dedos nacieron callos. Eran manos con coraje, que raspaban y quizá eso hacía mejor las caricias. Quizá por eso, Sara gemía de esa manera que tampoco era como las demás.

La miró, dormía a su lado y la envidió. Él no dejaba de recrear lo ocurrido, ella ya lo había olvidado y respiraba con la calma profunda de los dormidos. Para Sara sólo existía el presente, con una cama cálida y un techo si mirabas hacia arriba, ya estaba bien. Ella no se lamentaba y, respecto al futuro, pues quién sabe y qué más da. Él se miró otra vez las manos y las cerró. Dolían un poco y los nudillos de la izquierda estaban heridos e inflamados. Quizá, si pudo cambiar sus manos por las de un valiente, también podría conseguir ese sueño profundo de Sara. Volvió a mirarla y parecía que se estaba bien en aquel lugar.

4 responses

  1. Así nos haces las ganas de leerte, te diría que estoy deseando que llegue el momento, pero miento, porque será cuando vuelva de vacaciones, y primero prefiero disfrutar las vacaciones a base de bien. Biquiños!

    • Mira que disfrutar en vacaciones, a quién se le ocurre semejante desfachatez, en vez de estar esperando al lado de la puerta a que llame el cartero con el libro.

  2. Echo de menos a tu captcha… (no es verdad, pero seguro que él nos está odiando desde algún rincón)

    A riesgo de repetirme, he de decir que siempre merece la pena leer cualquier fragmento al azar de lo que escribes. Me ha gustado mucho. Uno consigue meterse dentro de la historia en apenas una línea. Esto promete, aunque este pedazo lo hayas descartado… Gracias. Un saludo.

    • Sé que no echáis de menos al captcha, yo sí, pero me sacrifico porque soy así.

      Y es un poco mosqueante que lo descartado guste 😛 a ver si la novela buena es la que vive en la papelera…

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