¿Se puede decir que un libro es malo? Por supuesto que sí

Libros malos

No hace mucho tenía un debate de bar (berridos, alcohol diurno, vidrios rotos y ninguna coherencia) sobre el arte en general, y la escritura en particular por la parte que me toca.

Y ese debate iba sobre una especie de cuestión que parece que no es resoluble pero lo cierto es que tiene respuesta desde el principio mismo de los tiempos: Si hay arte bueno y malo o si el arte, como algunos dicen, es sólo puro gusto personal y por tanto puedes decir que te gusta o no, pero no que es bueno o no.

Pero es que no hay debate en realidad, porque sí, hay arte malo y por extensión libros malos, como hay música mala y casas mal hechas y coches y ordenadores que dan pena.

Y no, no puedes recurrir a proverbios falsos, como eso de que sobre gustos no hay nada escrito. Hay un millón de cosas escritas sobre gustos, esta por ejemplo es una de ellas. Por qué alguien sigue diciendo eso escapa a mi comprensión.

Especialmente en el caso de los libros hay una especie de temor reverencial a criticarlos, pues siempre han sido objeto de culto y aprendizaje (aunque obviamente perdieron ese aura hace tiempo) de modo que hablar mal de los libros cuesta más que, por ejemplo, meterse con reggaeton en la música, la actual diana de todas las bromas cuando hablas de ella.

Hay libros, diría hasta que hay subgéneros, de hecho, que son el reggaeton de la literatura. Y hay criterios que pueden definirse como objetivos para determinar si un libro es malo, como los hay para una música que es mala.

Normalmente precisas una educación en el arte para apreciar lo que es bueno o no, pero es que muchas veces ni siquiera hace falta aunque debería ser obligado educarse en algo cuando vas a opinar sobre ello (atrevido, lo sé, a veces me gusta pensar imposibles).

Si yo escucho una cacofonía de sonidos porque ni siquiera sabes tocar esa guitarra, esa música es mala y lo mismo puede decirse de un libro terriblemente mal escrito. Si pones un reverb a tu voz cuando cantas, porque hay que tapar que no aprendiste a educarla bien y es un asco, tu arte es malo, muchacho…

Y yendo más allá, aunque un libro tenga bien puestas las comas, las bes y las uves, también puede ser malo con ganas por otros muchos motivos que pueden considerarse objetivos, no cuestión de gusto personal.

Curiosamente, casi todos a los que les he escuchado la noción de que no hay arte bueno o malo (sólo gustos) suelen ser:

a) Gente que no se ha dedicado a ningún arte, con lo que no han comprobado que para tocar la guitarra o escribir algo decente hace falta mucha práctica y sacrificio, que hay cosas que aprender, y muchísimas. Que no es una cuestión de talento puro.

b) Aquellos que se dedican a un arte como hobby guiados por los impulsos de la inspiración o el estado del momento, pero no se levantan cada mañana y cogen el violín, se ponen las zapatillas para entrenar o se exponen ante la hoja en blanco y el desafío de llenarla.

En el debate había varios artistas profesionales (músicos especialmente, y buenos) y curiosamente ninguno opinaba que en el arte valiera todo y fuera cuestión de gustos. Eso correspondía a la parte del debate que no tocaba, escribía, pintaba o tenía ni siquiera un interés en ello.

Dedicarse a un arte como hobby es genial y una de las mejores que puede hacer una persona, en serio. Pero si consideras que no hay bueno o malo en el arte, seguramente también confías en que casi todo depende de un «algo» intangible que no puedes señalar del todo: musa, inspiración o talento.

9 de cada 10 veces eso sirve para justificar que no pones las horas y aún así te crees bueno (secretamente o no) porque tú tienes más de ese algo intangible y por tanto no te hace falta practicar o hacerlo todos los días.

En esos casos, seguramente, en el colegio o tu familia te dijeron que tenías potencial y lo hacías muy bien, lo peor que le puedes decir a un niño porque pensará que está por encima y no necesita poner trabajo, o al menos no tanto como el resto.

En ningún ámbito los supuestos talentosos que no practican constantemente han llegado mínimamente lejos y no, la escritura no es excepción a esa regla.

¿En serio hay criterios objetivos para la escritura? ¿Cuáles, listo?

Un montón, y hay gente mucho más cualificada que yo para decirlos, los notas en cuanto te educas un poco y hay algunos que saltan a la vista tanto que hasta duele.

Voy a rascar un poco esa superficie, porque si me pongo a analizar todos los posibles criterios no acabaré.

Yo invento el iPhone, dos meses después una empresa china lo imita. Parece similar, pero lo coges y no es lo mismo, no va rápido, el plástico es barato, las fotos son un asco, deja de funcionar cada dos por tres, es una clara imitación y nadie en su sano juicio tiene ningún problema para definir un teléfono como bueno y otro como malo.

Ahora te llevo yo a una librería a observar cuántos clones de la última moda de turno ves, cuántos vampiros, Greys de pacotilla o similares hay.

Si el primero ya es malo por miles de razones que van más allá de la originalidad, sus clones ni te cuento. Has intentado imitar algo (encima malo), no te has esforzado ni por mejorar el estilo, has hablado del enésimo manuscrito del Vaticano (como cincuenta lo hicieron antes que tú) has metido a un hacker, a la CIA, una protagonista femenina cuya noción de «fuerte e independiente» para ti es comportarse como un héroe masculino de cartón y película (para darte con el Ulises en los morros). Has copiado literalmente ese episodio de tu serie favorita o has hecho tu refrito particular de Juego de Tronos, como otros miles lo hicieron antes de El Señor de los Anillos

Eres el iPhone de imitación y por ejemplo ese es uno de los miles de motivos por los cuales un libro puede ser malo.

Pero es que también puedes ser malo por miles de razones más allá de la falta de originalidad. Puedes serlo por el estilo atroz, porque no paras de volver a lugares comunes, porque estás escribiendo cine barato y no un libro, porque nada encaja, porque tus metáforas están muertas, porque cada vez que te atascas en algo sales con un Deus ex machina, porque tus personajes son de cartón piedra y arquetipos de Hollywood rancio…

Podría llenar volúmenes sobre cosas que hacen un libro malo, pero supongo que hay un test que es infalible y da fe de que sí, existen los libros buenos y, por contraposición necesaria, existen los libros malos y muy malos.

El test del tiempo

Seguimos leyendo a Nabokov, a Lispector, a Hemingway, a Christie… seguimos leyendo a Márquez y en el futuro los niños (y no tanto) seguirán leyendo a Rowling y Ende. Y así con muchos.

¿Y todos esos clones, vampiros con fusta y malotes con abdominales? Se perderán como las sobadas lágrimas en la lluvia (hablando de metáforas muertas).

Vendes hoy (algunos) desapareces mañana.

No todos los libros buenos perduran en el tiempo, pero algunos de ellos sí y ese test que pasan es testimonio de que por supuesto que hay libros buenos y arte bueno (con su gemelo malo). Libros buenos que me da igual que escribiera Homero en el amanecer de la escritura, conectan profundamente con lo que llevamos dentro, nos tocan ahí donde no va a llegar el libro del Rubius, lo hacen de maneras magistrales o cambiaron la literatura abriendo géneros, nuevas formas, alcanzando la maestría de estilo…

Que aún hoy alguien se siga planteando que el arte (la escritura) es un tema de relativismo total y mera cuestión de gusto personal (que no hace falta educar porque eso cuesta trabajo) escapa de nuevo a mi comprensión.

Y supongo que se cura, como muchas otras cosas de la mente, aprendiendo y leyendo.

16 responses

  1. Brillante, Isaac, suscribo cada una de tus palabras. También he tenido más de una de esas discusiones que comentas, por lo general alrededor de una mesa atestada de cervezas vacías 😉 Gracias por compartir contenido así, hay que decir las cosas alto y claro, tal como son y no como algunos pretenden que sean. Comparto en redes, ¡un saludo!

  2. “Para gustos colores” -te contestan cuando ya los tienes acorralados y no saben por dónde salir. -¡No!
    Hay frases hechas que por mucho repetirlas no dejan de ser mentira.
    Y tú estás ahí, intentando demostrar objetivamente que están equivocados, pero no hay nada que hacer:
    “Si me gusta es bueno, si no me gusta es malo, al menos para mí” -¿Perdona?!!

    Al parecer todos estamos en nuestro derecho de opinar sobre cualquier cosa, aunque no tengamos ni idea. Por supuesto cualquier arte nos puede gustar o no, pero lo que no podemos es decidir si es bueno o malo si no hay miles de horas de experiencia detrás en la que basarnos.

    Y encima todo juega en tu contra:
    “Pues 50 Sombras no será tan malo cuando es un best seller mundial y blablabla…” -Que sí que sí, alta literatura, Boccaccio un junta letras.

    Este es un debate perdido.

    • Es un debate perdido, efectivamente, pero te quedas bien diciéndolo y los debates, la verdad, sólo sirven para que las partes acaben más convencidas aún de lo que pensaban al principio.

      • Perfecto. o al menos es lo que a mis 70 años me ha enseñado la vida. Y que discutir y escuchar y tratar de convencer a otros es VIVIR.

  3. No podría copiar un escrito. Puedo destacar oraciones, frases, pero sólo como referencia, gusto o admiración, nunca para ser utilizados en un escrito mío.
    Coincido siempre contigo en que la práctica constante, continua, será la que nos dará un estilo, no hay más.
    Es increíble que con todo lo que ocurre a nuestro alrededor, con toda la información a la que estamos expuestos, pensemos en copiar o imitar. Es una inversión de tiempo inútil. No reditúa nada.

  4. ¿Qué si hay de bueno y de malo? Si lo sabré yo que, a veces, intento juntar unas cuantas letras con sentido y hago unas chapuzas que ni el fontanero de los Picapiedra.
    Estoy tan de acuerdo contigo que hasta me da vergüenza, (casi).
    A algún listillo deberíamos pasarle este escrito por los “morros”.
    GRACIAS.

  5. Excelente opinión. Y para los que lo hemos intentado (escribir bien, y también hacer fotos con arte) sin conseguirlo, me queda el consuelo de seguirlo intentando. Y tengo una fórmula que a mi me funciona para consolarme. Pero no soy tan vanidoso como para contarla.

  6. Creo que al texto se le escapa una idea esencial: Hablar del canon literario.

    Todos esos libros que se consideran alta literatura (y que se siguen estudiando en las universidades) lo son porque una élite académica los ha seguido apoyando como mejores ejemplos, letras impresas que se supone son lo más alto de la civilización.

    Para llegar a seleccionar unos y descartar otros no se siguen criterios válidos para toda cultura y tiempo. El canon de literatura hispánica es el que han decidido unos señores académicos educados en un tiempo determinado. Sus criterios de selección son revisables.

    El criterio de la originalidad, por ejemplo, no era un valor en la época de Shakespeare para crear literatura. Al contrario, copiar un modelo clásico era lo aceptable. ¿Es mejor aquel libro que introdujo una novedad estilística?, ¿o aquel que tuvo más impacto?, ¿son las ventas un criterio fiable?, ¿lo que no se edita es malo?

    Saludos.

  7. Por supuesto que se publican libros mal escritos, y son “malos” aunque consigan ventas. Productos de serie B, refritos, oportunistas y desalmados, que encuentran lectores con mal gusto (por escasa formación literaria, por desidia o frivolidad).
    Suerte que esos productos no resistirán el paso del tiempo.
    Pocos libros, aun decentes, lo aguantan. Y son esos, los que nos enseñan algo nuevo en cada nueva lectura, a los que acabamos considerando clásicos de la literatura. “Buenos” libros.
    Otra cosa son los libros escritos con las mejores intenciones pero con torpeza, por inexperiencia; a esos se les puede tildar de “mediocres”. Si el autor persiste, escribirá libros “correctos”, aun no siendo (todavía) obras maestras. Como principiante merece una oportunidad, sobre todo si se le intuye duende.
    A parte, están los gustos literarios de cada cual, y sobre estos sí que no cabe discutir, siempre que sean… al menos “literarios”.
    El paso del tiempo pone a cada libro en su estantería.
    Las modas siempre buscan víctimas, y al que lee cualquier cosa que le encasquetan acabará asombrándose de su falta de criterio (eso que él creía “su” gusto), si por fortuna se convierte en lector asiduo y si por azar no tiró esos librejos al contenedor. Un espanto parecido al que sentimos cuando nos topamos con una foto de juventud, de cuando nos creíamos tan modernos y singulares (y solo éramos obedientes): “Por dios, ¡qué pintas!”, decimos…
    Como lectores avezados nuestra responsabilidad es recomendar buenos libros, la mejor manera de testar, antes que intentar convencer sobre la dicotomía de “buenos y malos”, pero si hay tiempo y unas cervezas cualquier discusión vale por llenar el rato.
    Un saludo. Tu blog luce más ahora.

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