¿Se puede escribir bien sobre algo que no has vivido?

Una de las cosas que más sorpresa me ha causado en este tiempo ha sido comprobar que algunos lectores creen que, como ciertos personajes de mis novelas se dedican a beber, visitar rincones oscuros, meterse en líos y decir cosas inapropiadas a las damiselas, yo hago más o menos lo mismo.

Hace tiempo escuché que alguien puede escribir sólo acerca de lo que ha vivido, que es inevitable dejar algo tuyo en cada personaje, especialmente los principales.

Quizá sea cierto eso de que sólo puedes escribir (bien) acerca de lo que has vivido, pero, aunque esa es la situación ideal porque sin duda hablas desde lo auténtico, afortunadamente no hace falta pasar por la situación concreta que describes.

Personalmente creo que esta vida se resume en placer, dolor, pérdida, logro, principios y fines. Y no mucho más. Son cosas básicas y compartidas todo aquel que se considere humano.

Si lo comprendes y lo inyectas con suficiente emoción cuando escribes, puedes llegar a tocar ese botón en quien te lee y hacer que no sólo te lea y se entretenga, sino que sienta.

De hecho, causar emociones me parece un increíble superpoder y lo que pretendo cuando escribo, porque yo de pequeño siempre quise superpoderes (iba a decir “ser un superhéroe”, pero la verdad es que no, yo quería superpoderes… Y ser el supervillano).

El “quid” de todas estas reflexiones deslavazadas es que para mí no es imprescindible haber vivido necesariamente cada hecho concreto que escribes para hacerlo bien.

No es necesario haber sufrido una muerte cercana para escribirla y que transmita lo que deseas, porque la emoción de la pérdida, que es lo que realmente hay detrás de una muerte, la hemos tenido (y la tendremos) todos.

Si uno posee la habilidad de invocar esa emoción, por ejemplo esa pérdida, la puede encerrar entre las palabras y que adopte la forma del símbolo que deseemos en la historia: una muerte, una ruptura, arruinarte…

La emoción es la misma materia prima, con más o menos poder e intensidad, pero puedes moldearla en cualquiera de esos diferentes símbolos apropiados para la historia, igual que el agua toma distintas formas según el recipiente en la que la encierras.

En mi experiencia, hay que tener habilidad para esculpir bien el símbolo y habilidad para llenarlo de la emoción que deseas, para mí eso es arte a la hora de escribir y contar historias, uno extremadamente difícil de dominar, que sólo llega tras infinidad de palabras en la papelera y saber mirar con curiosidad la vida que te rodea.

Y todas estas palabras son para que me sirvan de ariete y derribe un mito.

Me temo que el que mis personajes hagan esas cosas tan impropias no significa que yo las haga también, nada más lejos de la realidad, pues yo soy caballero de los de monóculo y taza de infusión.

3 responses

  1. Relativamente joven, he vivido lo suficiente para comprender un poco de la vida, entre las cosas que he visto, escuchado y sentido siempre he encontrado el primordial de los sistemas, la causa-efecto.

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