Si quieres escribir mejor, quítate las notificaciones del teléfono

predicadores

Parece que Internet está dispuesta a ayudarme en todo y no hay manera de evitarlo. Es terriblemente molesto, pero es así. Parece que por todas partes han surgido expertos cuyo nombre no me suena de nada, pero tienen la clave para todo.

Creé como experimento una pequeña revista en Medium sobre el tema de escribir, en ella estoy reeditando, reescribiendo y dando nueva vida a artículos viejos. Tengo planes de futuro para esa pequeña iniciativa y, la verdad es que cada vez que entro, Medium me aconseja artículos, los más leídos, compartidos y favoriteados.

31 maneras de ser más creativos, la fórmula ganadora para no sé qué, Sal de tu zona de confort, Eres más fuerte de lo que crees… Menos mal que entre todo eso hoy em ha recomendado un relato del genial Santiago Eximeno.

De un tiempo a esta parte Internet parece haberse convertido en un gran libro de autoayuda que no termina. Pero es que al parecer es lo que se demanda, pues al fin y al cabo, esos artículos tienen un buen puñado de corazones y comentarios.

Lo mismo me parece que ocurre con la escritura de un tiempo a esta parte. Veo pasar a la semana tantos artículos sobre cómo convertirte en un escritor genial, convenientemente enlatados en fáciles puntos, que no entiendo cómo no somos todos ya J.K. Rowling.

A veces, de hecho, me da la impresión cuando me paso por Twitter (algo que hago cada vez menos) de que la gente dedica más tiempo a enseñar cómo escribir que a escribir.

Así que ya que todo el mundo lo hace, y que de pequeño crecí en un pueblo y allí te insisten mucho en que hagas lo que hacen los demás, pues yo también. Si es lo que se demanda…

Para escribir bien, y no me va a hacer falta ponerlo en forma de lista, quítate las notificaciones del teléfono, pásate por las redes sociales una vez al día como mucho, y sólo cuando ya hayas hecho todo lo demás.

Y cada vez que te sientas tentado a leer un artículo sobre cómo escribir en 5 fáciles pasos o la enésima reencarnación del «muestra, no digas» (el consejo más mal entendido y peor usado de la historia de la escritura) en vez de eso, escribe. Escribe un párrafo aunque sea, porque nada sustituye a la práctica.

¿Ya has escrito al menos una hora, quizá dos, más de mil palabras? Bien, ve a leer lo que te dé la gana en la red y empáchate de placer culpable, porque te lo has ganado.

La cuestión es que la práctica es difícil y cansa, te estrellas contra esa sensación que es como un muro de que, lo que parece fácil y claro en tu cabeza, se lía y se atasca al trasladarlo al papel. Y esa cabeza no quiere eso, no quiere subirse al ring a boxear porque agota y a lo mejor duele. Así que intenta engañarnos porque su naturaleza es perezosa. Intenta decir que si nos tumbamos en el sofá y leemos ese libro de boxeo, sirve igual y cuenta como tiempo dedicado al arte.

Pero no es así, como se demuestra fácilmente cuando alguien que sólo ha leído como boxear sube a un ring.

La escritura no es diferente, la escritura merece que la respetemos y es un arte tan complejo como ese boxeo, la música, una ingeniería… No la devaluemos porque la escritura no es fácil, dejemos de engañarnos con que lo es o con que hay sustituto para la práctica.

Pero he aquí que nuestra cabeza es insidiosa en sus tácticas para quedarse tumbada en el sofá, de modo que leer sobre cómo hacer algo nos da una falsa sensación de logro.

Y puede ser adictivo, porque poco a poco evitas la incomodidad de la práctica con 7 consejos para que tu libro sea no sé qué.

Como bien dijo un sabio hablando de productividad, una de las maneras más habituales de evitar trabajar es leer sobre productividad. Lo mismo pasa con escribir. Nuestra perezosa cabeza sabe que si quiere llegar a algo debe dedicarse a ese algo cada día, de manera que busca formas de callar la conciencia, y esa es una de las maneras favoritas de escaquearse. Pero no es sustituto para la práctica. Nada lo es excepto sentarte y escribir.

¿Y las notificaciones del móvil qué tienen que ver?

Pues algo, que son en parte culpables de esto, de distraernos de la tarea, de comerse tiempo que podríamos dedicar a esa escritura, a leer un libro o a dar una vuelta por ahí. Tres cosas que sí ayudan a mejorar el arte.

No sólo es que Internet quiere ayudarme, es que es invasiva en sus formas con pitidos, luces e iconos. Es como esos predicadores que te quieren hablar de su señor y salvador mientras que tú sólo quieres caminar en paz.

Las redes son armas de distracción masiva, cogen el tiempo escaso y quieren que lo emplees en cosas que, la mayoría de las veces son sólo píldoras superfluas que no dejan huella real. Al fin y al cabo ya lo dijo Sturgeon: «El 90% de lo que hay es basura». Cada uno debe buscar su 10 y evitar ese 90.

Personalmente he recuperado parte del tiempo y, lo que es mucho más importante, de mi concentración, con cero notificaciones. Hace ya meses que lo hice y es genial. Si alguna vez entro a las redes sociales, al WhatsApp o lo que sea, es cuando yo quiero, no cuando ellos quieren.

¿Terrorífico quitar el enchufe? Lo es, pero no debería, al fin y al cabo la mayor parte de mi vida la viví así, y no recuerdo grandes tragedias por eso. De hecho, la verdad es que cuando me quité las notificaciones de email o twitter sentí un alivio. Con las de WhatsApp dudé más, pero como bien me dijo una chica lista: «Nada importante llega nunca por Whastapp».

Y tiene toda la razón. En todos estos años, cuando algo era realmente urgente y de verdad no podía esperar ni veinte minutos, me llamaron.

Así que nada, sigo con esos condicionamientos de crío. Sigo haciendo lo que los demás hacen y escribo esto, no sea que en el próximo ritual de la cosecha me quemen en la plaza del pueblo por distinto.

15 responses

  1. Lo veo y subo la apuesta: cuando escribas apaga Internet y todos tus periféricos. De hecho, en mi teléfono no tengo Facebook, Linkedin ni G+. Solo Twitter, y completamente mudo, exactamente al igual que WhatsApp.

    Cuando tengo que decir algo urgente a alguien, le llamo. Si no, le envío un WhatsApp consciente de que entraré a la plataforma a lo largo del día. Si tienen algo urgente que decirme, ídem.

    Incluso paso buena parte del día con el teléfono sin ningún tipo de sonido o apagado. Que me envíen un correo electrónico, seguro que no es urgente.

    Animo desde ya a la gente, ya que tengo foro, a dejar de enviar spam a los amigos. Que hay que cuidarles 😉

    • Lo de no tener conexión a Internet cuando escribes ya lo doy por supuesto ;). A veces me voy bien lejos, en medio de un parque o a un sitio desértico, y como no tengo más remedio ni conexión, pues escribo. Así somos los humanos.

  2. Yo hace mucho tiempo que lo hice 😀
    También he hecho una cosa más radical: no contestar al teléfono (salvo a mi madre y a mi marido). Todo lo que me quieran decir me lo pueden decir por mail o por whattsapp (por supuesto, sin notificaciones). Te das cuenta entonces que la gente cuando tiene que resumir en un correo va mucho más al grano y pierdes mucho menos tiempo. Para charla, ya están los momentos de ocio, no cuando es tu horario de trabajo (como total, trabajas en casa, qué más te da ¿no? ;D).

  3. Yo he empezado a encerrar el móvil cuando escribo, pero para desactivar las notificaciones de mkmento nonhay huevos. Y no sé por qué, si no me escriben ni para insultarme, pero la vida es ese perpetuo “¿y si?”

  4. Cuando lo haces a diario te das cuenta que ni es el fin del mundo ni pasará nada grave en ausencia “ciberespacial”. En todo caso, encontramos mensajes y llamadas perdidas luego. Yo al menos, mientras escribo mis mil palabras diarias puede arder Troya otra vez que no me entero (bueno, aquí tenemos terremotos, pero me ha temblado la mano y juro que he seguido; ¡soy bien testaruda!). Esto es cuestión de consciencia, más que de buscar técnicas de silencios y ausencias de notificaciones (que sí valen, claro). A mí no me gusta que me interrumpan, por lo tanto no voy a buscar que lo hagan, ni lo voy a permitir “por descuido”. No se me ocurre, de la misma forma que no pienso si me lavo la cara cuando me levanto; lo hago. Pero como con todo en esta vida, los hábitos se construyen.
    ¡Saludos!

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