Tom Gauld y los papeles del escritor

Hace poco, el escritor Juan Jacinto Muñoz Rengel publicó en Twitter una viñeta de Tom Gauld.

Para quien no lo conozca, Tom Gauld es un genio y la viñeta es esta:

Tom Gauld - Los papeles del escritor

Gauld dedica gran parte de sus creaciones a describir, con su particular humor y talento, lo literario, lo que rodea al proceso y lo que se encuentra en el interior del mismo.

Pequeñas joyas de lo importante, entre las que se encuentra esa. A destacar de la imagen, las cajas amarillas y lo poco que ocupan en el total del equipaje del gran escritor.

A remarcar también el enorme espacio de porquería, garabatos y divagaciones.

La cuestión con Gauld, como con todos los genios, es que bajo su aparente sencillez se encuentran las verdades que merece la pena escuchar.

Esa viñeta es la mejor representación de la realidad del buen escritor y debería ser la aspiración de todo el que, realmente, ama la escritura y la respeta como arte.

Esto tiene varias implicaciones prácticas que se suelen pasar por alto.

Una de ellas es la necesidad del mucho para hacerte bueno.

Las cajas amarillas son raras y surgen entre un montón de cajas de otros colores. Ya lo dice la ley de Sturgeon: El 90% de todo es mierda.

El 90% de la viñeta no es amarilla, el 90% de lo que hagamos nosotros, tampoco.

Así que más vale que nos demos prisa en crear ese enorme 90% para desenterrar el pequeño 10%.

Se subestima la cantidad de escritura, como la cantidad de tiempo, que es necesaria para crear algo medianamente decente.

Hay que escribir mucho, demasiado. Hay que juntar una enorme cantidad de palabras, relatos, novelas, divagaciones y basura impublicable para que Gauld pinte nuestro propio desván de papeles y tenga que usar el color amarillo.

Sin embargo, y más hoy en tiempo de prisas, me temo que es algo bastante incomprendido, que la aspiración es acertar a la primera con lo primero que se haga, con casi todo.

Pero no es así como funciona.

Si no has escrito mucho, no importa la ayuda que reclutes de lectores cero, cursos varios, otros escritores o correctores profesionales. Jugar a pintar una caja amarilla desde el principio es intentar acertar en la diana con el arco, a la primera y partiendo en dos la flecha que ya está clavada ahí. Y sin haber disparado nunca antes. No importa cómo te digan los demás que debes poner el brazo o la flecha, no le vas a dar.

La escritura se hace solo y sólo mejora con práctica personal, no hay otra manera y no se puede evitar tener que acumular esa práctica.

Para que salgan cien palabras buenas tienes que haber escrito muchos miles que no quieras mirar a los ojos. No hay atajo, técnicas narrativas, ni trucos que te vayan a ahorrar ese camino.

Así que, si uno quiere llegar, mejor que se vaya poniendo ya con toda esa cantidad de cajas de colores, hasta llenar el desván y que, entre el barro, aparezca el destello.

Mi primera novela está donde creo que tiene que estar, al lado de la segunda y la tercera, junto a infinitos escritos horribles, en el fondo de un cajón que espero que no encuentre nunca nadie.

Esa es la función y el sitio de la primera novela.

Es así, al menos si no eres un «genio», o no eres una de esas historias (distorsionadas para venderlas) de supuesto «talento» bruto que a la primera triunfa y brilla.

Comprendemos tan poco la imagen de Gauld que, a veces, incluso sin tener nada, ya estamos pensando en lo siguiente: que si vender, dar la turra en redes, preocuparte de cosas como listas de correo, promoción, imagen y no sé qué más… Y mientras, el desván vacío, apenas tienes un pedazo de una caja y, por supuesto, crees que es amarilla.

La única preocupación que hay que tener es la de escribir, siempre.

Y si giras la cabeza, miras tus cajas de papeles y están vacías, entonces con más razón esa debe ser la única cosa que preocupe: más y más palabras que poner como baldosas hasta llegar a una buena.

Si no, tejados sin casa, eso pintaría Gauld.

La verdadera naturaleza de la escritura es ese dibujo. Gauld lo ha pintado y es un genio, nosotros deberíamos pintarlo también.

No puedes atajar, no puedes evitar tropezar con todas esas cajas para encontrar la amarilla. Muchos lo han intentado y ninguno lo ha conseguido, es hora de dejar de pensar que nosotros somos tan buenos (y tan arrogantes) como para creer que podemos hacer algo especial sin pasar por una enorme cantidad de palabras que sólo sirvan para alimentar una chimenea.

Tienes que poder auparte encima de mucha basura para llegar alto.

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7 respuestas

  1. ¡Totalmente de acuerdo!
    Vamos, ni yo misma lo habría explicado mejor. Y de verdad, la viñeta… ¡de 10! Toda la razón del mundo jaja lástima que todo ese trabajo que hace el escritor solo los demás escritores lo valoren porque han pasado por lo mismo. Pero merece la pena tener todas esas cajas, al final, todas tienen su función ^^
    Un abrazo y pásate cuando quieras :3

  2. Hola, Isaac.

    Otra vez nos suministras una buena ración de realidad y de sentido práctico en cuanto a la literatura. Hay que reconocer que es muy necesaria.

    Hacía mucho que no leía el nombre de Juan Jacinto Muñoz Rengel. Sé quién es.

    Un saludo literario desde Oviedo.

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