Tres palabras agazapadas

Cory Doctorow

Hace poco, estaba leyendo una entrevista al autor canadiense Cory Doctorow. En ella, decía:

Mi epifanía con la escritura, que llegó décadas después de iniciar mi carrera de escritor, fue que, aunque hubo días en los que la escritura resultó insoportablemente horrible, y en otros parecía que exudaba alguna clase de genio a través de la punta de mis dedos, no había relación entre los sentimientos que me producía escribir y la calidad objetiva de las palabras, analizada a la fría luz del día y a una distancia prudencial desde el momento en que las escribí. El mayor predictor de los sentimientos que tenía hacia mi escritura era cómo me sentía yo mismo. Si estaba estresado, con falta de sueño, inseguro, triste, hambriento o resacoso, a mi escritura la sentía terrible. Si resplandecía de gozo, la escritura me parecía brillante.

Este fue el descubrimiento que me permitió escribir de la manera en que lo hago: No importa si siento que las palabras sean adecuadas o no, simplemente las escribo. Sabré si son buenas más tarde.

Esto es muy importante porque, en la escritura, la emoción que experimentemos durante la misma no importa. Eso es un alivio, porque no estaremos a merced del capricho y de cómo nos encontremos. La emoción del momento no tiene nada que ver ni es indicador de la calidad del trabajo, porque es imprescindible una distancia suficiente para valorar lo hecho y reescribir enderezando el camino, con un poco de suerte, en dirección a algo bueno.

Escribir independientemente de la emoción, seguir adelante a pesar de ella y no cegarse en el orgullo cuando rema a favor es una habilidad fundamental en el profesional de la escritura.

Sin embargo, he de reconocer que, en ese trozo de entrevista hay tres palabras escondidas (y no relacionadas estrictamente con esto) que se han quedado rondando por el trastero de mi cabeza. Supongo que también se debe al hecho de que palabras similares se han ido repitiendo en diversos artículos y entrevistas a otros escritores que he leído en las últimas semanas, hasta que todas juntas han hecho clic.

Esas tres palabras son: «Llegó décadas después», en referencia a cuándo tuvo su epifanía.

Para empezar, da cuenta de cómo puede pasar todo el tiempo del mundo en la escritura, que seguirás aprendiendo cosas y, he aquí lo más importante, aprenderás las fundamentales tras mucho tiempo escribiendo. Décadas, posiblemente.

Algo similar comentaba cuando, hace algo más de un par de años, pasó por estas páginas una historia sobre Viet Thanh Nguyen, escritor vietnamita.

Es increíble cómo pasa tanto tiempo y sigues descubriendo piezas del puzzle, las más importantes. Cómo sólo se revelan, en muchas ocasiones, tras esos años o décadas de trabajo constante, décadas en las que nosotros también cambiamos y, con suerte, somos capaces de verlas por fin, aunque en realidad estuvieran ahí todo el tiempo.

Eso debería hacer que nos naciera un nuevo respeto por el arte de escribir, tan complejo que, tras décadas con ello, puedes seguir ignorando lo importante. Con un poco de suerte, acabarás descubriéndolo, como en el caso de Doctorow, Nguyen y tantos otros buenos. Al menos ellos fueron lo bastante humildes como para comprender que, no importan los años, siempre vas a ser un eterno estudiante.

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3 comentarios en “Tres palabras agazapadas”

  1. Fabio Useche Orjuela

    Me parece que si está en la vena el ser escritor, llegarán por avalanchas ratos de desasosiego. Para mi esos momentos no son propicios para escribir. La escritura debe ser un placer o mejor es un placer de todos los sentidos; escuchar el teclado y su propia voz, saborear el café …

  2. Hola Isaac.

    Sigo por aquí. Bien a gusto con las ultimas entradas. Aportan mucho, al menos para mí.
    Ahora mismo, agazapadas por mi mente, andan esas palabras de nuestra Poetisa, una de la Grandes… si, la que de amor se desordenaba:
    “…no en el instante, porque el dolor tiene que sedimentarse y toda la experiencia, para llevarla al papel, no puede estar demasiado viva, deben tener un poco de muerte ˮ.

    Saludos,
    Amado

  3. Hola, Isaac.

    Tu artículo me ha recordado a lo que nos comentaba el poeta que impartía el taller de escritura creativa al que fui bastantes cursos consecutivos: hay que dejar reposar los textos un tiempo (ya no recuerdo si dijo una semana o dos) después de escribirlos, es decir, tomar distancia respecto a ellos y el estar triste o con sentimientos intensos no garantiza un trabajo literario de calidad, al contrario, conviene dejar enfriar la cabeza antes de abordar la escritura.

    Resulta increíble lo de las décadas.

    Y sí, la humildad es un aspecto esencial, pero… ¿qué porcentaje de escritores son humildes, especialmente entre los consagrados? Muy reducido, seguro. Viendo la cantidad de seres humanos prepotentes que circulan por ahí y no destacan en nada ni son famosos por nada, imagínate en el gremio de los autores relevantes…

    Un abrazo desde Oviedo, suerte, ánimo y cuidaos, 🙂👍📚🖊

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