Tres reinas crueles, nadie quiere leerte y creerse escritor

Tres reinas cruelesTiro del cajón de sastre de nuevo, para sacar unas cosillas del fondo.

La primera es que la nueva edición de Tres reinas crueles ya se puede encontrar en Amazon.

Como comenté hace un tiempo, recuperé los derechos de la editorial y he aquí la nueva edición. Está tanto para Kindle como en papel.

Para los que me han preguntado, la respuesta es no, no hay cambios sustanciales más allá de la portada. La historia es la misma, así que, si quieres echar un vistazo a esa nueva edición de Tres Reinas crueles, pincha aquí.

Nadie quiere leer tu m****a

Cambiando de tercio, ya he dicho alguna vez que leo en paralelo. Normalmente una novela de ficción y, a la vez, libros de no ficción. En ese segundo carril de la izquierda está ahora Steven Pressfield y su: Nobody wants to read your s**t, muy fácil de traducir y de rellenar los asteriscos.

Pressfield habla de sus tiempos trabajando en el campo de la publicidad, y de cómo el título del libro es la premisa principal a partir de la cual trabajar.

Creo que esa premisa también es válida para la ficción.

Hoy, más que nunca, leer es un acto a la contra. A la contra de la corriente y, en general, de la naturaleza humana. Leer es un acto que exige, leer es casi antinatural. Nadie quiere leer lo que haces, así que hay que darle un buen motivo.

Ese motivo no son trucos baratos, ese motivo es no ser cómo los demás. Porque si eres como los demás, si no aportas nada nuevo, diferente o mejor, ¿por qué te van a elegir? No hay un incentivo a hacerlo.

Pero sobre todo, creo que es una cuestión interna.

Si de partida no estás en esto para hacerlo mejor y no fotocopiar lo de siempre, entonces creo que es mejor no estar. Bastante saturado se encuentra ya el camino, como para contribuir a eso.

Los verdaderos artistas no se mueren de hambre

Como tercera cosa del cajón, alguien me sugirió que echara un vistazo a Jeff Goins y su Real artists don’t starve, que viene a significar que Los verdaderos artistas no se mueren de hambre.

Antes de nada, agradezco la preocupación por mi estómago.

Conocía a Goins y no es santo de mi devoción, aunque es un tipo inteligente. Sabe que va a triunfar más haciéndote sentir bien que enseñando algo útil. Eché un vistazo al libro e imagino que quizá haya alguna enseñanza decente por algún lado (nada nuevo, ya lo dice él mismo, que eso no existe) pero reconozco mi rechazo ancestral ante ciertas premisas.

Una de ellas es su frase de que uno es escritor cuando toma la decisión de serlo. Para ser escritor, hay que creérselo y empezar a actuar como uno.

Y, aunque entiendo (en parte) lo que quiere decir, cada vez que oigo algo así, pienso en cambiar el término escritor por neurocirujano y repetir la frase.

Si ya no suena tan bien, no me sirve para la escritura… ni quiero que me opere alguien así.

Neurocirugía y escritura no son lo mismo, pero un poco sí. Por eso creo que hay que tener un respeto y que la escritura (la buena) tiene una complejidad y hay que valorarla.

Toda la autoconfianza del mundo no te convierte en algo, lo siento. Ojalá bastara con repetir ante el espejo.

Tampoco sé cómo se comporta un escritor. Si uno mira la historia, muchos eran unos capullos suicidas.

Sé que Goins se refiere a trabajar y que uno no nace escritor, pero creo en el poder del lenguaje. Creo en que el lenguaje determina la mentalidad y ambas cosas se retroalimentan (está demostrado, de hecho, pero ese es otro tema que sólo me interesa a mí), así que quizá lo mejor sería autodenominarse como estudiante del arte, si es que es necesario etiquetar.

Eso quizá aporte una mentalidad flexible de aprendizaje, que te haga querer ser mejor cada día en vez de alimentar egos. Esos sí que no pasan hambre en el ámbito de la escritura.

Chasquido metálico, cerrojo al cajón.

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8 respuestas

  1. “Creo en que el lenguaje determina la mentalidad y ambas cosas se retroalimentan (está demostrado, de hecho, pero ese es otro tema que sólo me interesa a mí)”.

    A mí también me interesa. Por si quieres escribir sobre esto algún día…

    Saludos!

  2. Hola, Isaac.

    Es evidente y tienes toda la razón: si no aportas nada nuevo al ya enormemente saturado mundo “escritoril”, ¿por qué van a querer leerte a ti y no a otro cualquiera? Pasa lo mismo con cualquier producto o servicio que puedas adquirir en una tienda (por cierto, no me gusta nada la expresión “producto cultural” o “producto literario”; parece que es reducir un libro o una creación artística a un mero objeto de consumo y de intercambio por dinero). LA CLAVE, O UNA DE ELLAS, ES LA DIFERENCIACIÓN Y DIFERENCIARSE, LÓGICAMENTE, PARA BIEN.

    Uno no es escritor cuando toma la decisión de serlo, sino cuando escribe y lee, lee y escribe. No hay más. Habrá patrones comunes en el modo de actuar de los escritores, supongo, pero también habrá tantas formas de actuar como autor como autores haya. En lo básico, un escritor no se diferencia de un albañil o de un abogado al igual que en lo esencial un griego o romano de hace 2.000 años no se distingue de cualquier ciudadano del siglo XXI.

    Deberían contratarte como “destructor de mitos perjudiciales para la salud literaria, en particular, y artística en general”. Aunque de momento, me temo, tal categoría laboral no está recogida en el índice que existe.

    Me encanta la expresión “estudiante del arte”. Me parece muy afortunada. También podrías decir “obrero del intelecto” (se me ocurrió hace un montón de años).

    Un saludo literario desde Oviedo.

  3. PD que no tiene nada que ver con la escritura: me llamó la atención hace unos meses ver en Gijón una tienda (no recuerdo qué venden) que se llama Belmar. Y esta semana, cuando iba en coche, adelanté a un camión y me fijé que en la puerta del conductor aparecía Velmar. Sólo son dos pequeñas curiosidades.

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