Un apunte más sobre escribir cada día

Hoy iba a hablar de otra cosa, pero se cruzó algo que me parece importante tener en cuenta.

Gabriella Campbell ha escrito un (otro) artículo imprescindible sobre escribir todos los días y da en el clavo con algo que no comenté cuando lo hice yo, pero en mi caso personal la experiencia es exactamente igual a la suya.

Cito a Gabriella, a la que quiero un montón a pesar de ser incapaz de eso, porque la mitad del contenido de esta web, entre comentarios y citas como esta, me lo hace ella. En concreto habla de una época en la que, en vez de escribir ficción todos los días, se dedicaba a otras tareas de escritura, como blogs y demás cosas relacionadas, pero que no suponían una escritura de ficción.

Entra Gabriella y las negritas son mías:

Hasta ahí, todo bien. Hasta el día en que, después de un par de semanas de solo corregir, planificar y hacer otras cosas, me di cuenta de que había perdido soltura. Que mi escritura estaba en retroceso. Todos los días escribía algo en algún sitio, pero no es lo mismo escribir en un blog que escribir ficción, si bien estas dos prácticas se complementan y ayudan.

Pensé en algo que ya había leído por ahí, pero que no terminaba de creerme: la escritura es una práctica, y como tal, necesita ejercicio constante.

En mi propia diatriba sobre escribir todos los días (spoiler propio y del artículo de Gabriella, sí, es necesario hacerlo cada día si quieres ser mínimamente bueno) hablaba de que reescribir también es escribir, no necesariamente es una cuestión de generar palabras nuevas en bruto.

Pero ya se sabe cómo somos las personas y sobre todo los escritores, que tendemos a hacer trampas en cuanto podemos, y a decir que artículos, notas u otros trabajos, que no tienen que ver con la ficción, también podrían contar como que hoy hemos escrito. De manera que acallamos la conciencia aunque al final del día no hemos hecho realmente nada.

Todo lo anterior más planificar, investigar, documentarse, leer consejos o escribir un folleto o artículo para una empresa (porque eres un escritor hambriento y has de ganar unos céntimos para pan duro) me temo que no cuenta. Y hacer eso no te hace a ti mejor escritor de ficción.

La escritura es caprichosa, la ficción es caprichosa y cruel. Las habilidades que ejercitamos en todo eso de los párrafos anteriores no son trasladables.

Si quieres ser bueno escribiendo historias, has de escribir historias.

Y no hay documentación, artículos de supuestos trucos o planificación de personajes que valga ni sustituya al acto de crear y refinar una historia. Esa es la única manera de volverte bueno y a veces me parece increíble que busquemos cualquier cosa como sustitutivo de escribir. No hay sustitutivo.

Pero eso no es lo peor.

El caso de la cinta transportadora

La escritura, como todas las habilidades importantes y complejas (porque la buena escritura es una de las artes más complejas que hay, aunque todo el mundo crea que es capaz) es algo que con práctica vas ganando muy poco a poco, pero que pierdes a paletadas en cuanto dejas de practicar.

Cualquiera que ha escrito o intentado aprender un arte o habilidad complicados conoce esta sensación.

Lo dejas un tiempo y te pones y te pasa lo mismo que a mí o que a Gabriella. Que has perdido el flujo natural, que se atranca cómo quieres decir las cosas, que todo eso que en la cabeza parecía tan fácil, de repente se ha quedado atorado en un cuello de botella y no fluye sobre el papel.

Escribir no es montar en bici, que una vez sabes, más o menos siempre recuerdas y apenas necesitas un par de pedaladas para volver al punto en el que estabas. Escribir, como cualquier otro arte o habilidad que no son cualquier cosa, es como subirte a una cinta transportadora que marcha hacia atrás. Si te paras no te quedas en el mismo sitio, si te paras, retrocedes.

Esto es algo que ya desde el principio de los tiempos saben todos los que un día se pusieron a hacer algo que mereciera esfuerzo y de paso la pena. Aparece advertido por todas partes en los libros buenos, pero aún así, intentamos ignorarlo.

Voy a parecer culto con la referencia más oscura que se me ocurre, el Epitoma Rei Militaris de Vegetius es uno de esos miles de textos que lo han dicho siempre claro:

Todas las artes y todos los trabajos progresan con la práctica diaria y el ejercicio continuo. Esto es verdad para las pequeñas cosas, con lo que este principio es aún más cierto en los asuntos importantes […] Pues no importan los años que haya servido, un soldado que no se ejercita es un recluta para siempre.

8 responses

  1. “..si te paras, retrocedes” es una regla de oro para todo en la vida. Muchas gracias, maestro. Con tu permiso la he apuntado en mi diario.

  2. Buenísimo. Solía autoengañarme con eso de que escribir me ayuda a escribír ficción. Solía, porque después de leer esto, no podré hacerlo más. Si no escribo historias, no cuenta y retrocedo. Tus artículos me pegan fuerte, como todo lo que me hace crecer.
    Gracias.

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