Un mes escribiendo a mano

Un mes escribiendo a mano

El año pasado, por estas fechas terminaba uno de esos experimentos vitales de escaso sentido que cada dos por tres emprendo. Se trataba de escribir a mano siempre que lo hiciera, en vez de escribir con un ordenador.

En este caso concreto sobra decir que escribía todos los días porque escribir siempre escribo todos los días, y si llueve o truena me da igual. La cuestión es que reencontrar los viejos cuadernos que llené entonces me ha recordado que nunca dije nada más de aquello. Ha pasado un año justo, uno de esos que ha vuelto a parecer un mes, y aunque no es cierta esa chorrada de que nunca es tarde, para este caso concreto, en el que no hubo prisa y nadie lo esperó, no lo es. He aquí algunas cosas que saqué en claro de un mes escribiendo a mano.

El principal motivo por el que lo hice (y que explicaba hace un año en esta misma casa) fue leer sobre ciertos estudios de cómo el cerebro piensa diferente cuando escribe a mano que cuando teclea. Sí, yo soy ese, lee algo, le pica la curiosidad, de ahí a la obsesión, de ahí a ponerme y ya no me quito hasta que acabo. El caso es que más partes se iluminan en las maquinitas de los científicos cuando alguien escribe a mano que cuando lo hace a máquina, más partes entran en el juego ante un papel. Y yo quería ver cómo cambiaba lo que escribía haciéndolo a mano, si es que lo hacía.

Podría hablar de Hemingway cuando se iba a Shakespeare & Company, la librería de Silvia Beach, a comprar sus cuadernos azules y todo eso. Pero yo bajé a uno de los chinos de mi barrio y compré unos exentos de glamour aunque azules también, a setenta y cinco céntimos la pieza. Aquí está al sol de otoño el primero que llené, mostrando el batán de entonces.

El cuaderno azul que no es de Hemingway

El cuaderno azul que no es de Hemingway

Lo principal que notaba es que lo que escribía se convertía más en eso que a veces se llama en literatura torrente de pensamiento, esa escritura introspectva y divagadora que unas pocas veces es genial y una mayoría no lo tengo tan claro. A eso contribuía que, en mi caso, escribir a mano me obligaba a hacerlo más lento y por tanto a frenar la velocidad de lo que ocurre en mi cabeza.

Normalmente se me ocurre algo e intento volcarlo de manera rápida y furiosa en un primer borrador, antes de que se marche la esencia de lo que quiero decir. Mi mente es incapaz de retener las ideas que pasan, me sorprendo releyendo notas y libretas viejas con cosas que apunté y parece que lo dijo otro. Hacerlo a mano disminuía la velocidad y eso no era malo, era extraño, más calmado.

En eso también metía baza el hecho de no equivocarme. Cuando algo no lo reflejo como quiero, entonces escribo y borro, escribo y borro y así cien veces. Aunque no me importaba hacer tachones y aquellas hojas son testigo, lo cierto es que a una parte de mí no le gustan demasiados y no quería hacer más que los necesarios. Así que cuando me surgía una frase y no la tenía clara, ésta daba vueltas en mi cabeza y cambiaba en ella antes de tener su forma final escrita, con la que trataba de pasar cerca de la diana de cómo lo quería decir. Eso sí era muy diferente a mi forma habitual de hacerlo, pero claro, tampoco puedo comparar cómo habría quedado aquella escritura si la hubiera hecho a máquina.

Por una razón o por otra, por un cierto efecto placebo también, era cierto que escribir a mano resultaba una experiencia diferente y que yo me dedico a analizar las cosas demasiado.

¿Era mejor? No lo sé, era diferente, nunca he creído en tiempos pasados que fueran mejores, más bien al contrario, son añoranzas mentirosas y que se las queden otros.

En general, a la hora de escribir, el sosiego no me vendría mal y sé que yo no lo voy a poner, así que habrán de ser circunstancias como escribir a mano, que me obligan a levantar el pie del acelerador que señala hacia ninguna parte.

Así que, ¿eran todo maravilloso? ¿Conectaba de nuevo con aquellos que lo hacían en el pasado y con una forma superior de hacerlo? No.

Supongo que hay mucho de nostálgico y que si los escritores de entonces tuvieran los medios de ahora, los usarían. Son mucho más cómodos y convenientes y es que pasar luego a ordenador los textos era un coñazo. Así con todas las letras malsonantes. Cuando lo hacía aprovechaba para reescribir y repasar, pero por alguna razón me resultaba un engorro añadido al ya poco grato hecho de reescribir. Con un atril improvisado y práctica la cosa mejoró, pero como proceso habitual no es lo más maravilloso, por no decir que es una pesadez redundante. Era más lento, ocupaba más tiempo y yo tenía mil experimentos locos más que acometer.

Así que a día de hoy alterno escribir a mano con escribir a máquina, una de cada cuatro o cinco veces lo hago con papel y bolígrafo. También cuando estoy atascado o quiero un enfoque diferente para algo, entonces cojo cierta libreta y me voy a algún sitio con ella y la abro. Seguramente eso no es más que superstición, pero hay que creer en algo engañoso que imaginas que es mejor de lo que es.

Eso sí, hay algo agradable en escribir a mano. Hay algo sosegado que aparece cuando la muñeca se acostumbra de nuevo como cuando eras crío y por fin deja de doler.

P.D. Lo que hay escrito en esas páginas, nunca ha visto otra luz que no fuera la de este sol de otoño y la de aquel.

7 responses

  1. Yo necesito escribir a mano. Me cuesta mucho, aunque me adapto a ello, escribir con teclado (y en digital ya ni te cuento. Mi móvil es de teclado y eso no lo pienso variar, salvo que un lápiz táctil me permita escribir a gusto y de forma fidedigna mis textos (y a un precio razonable, es decir, nunca). Yo tengo un callo formado en el dedo medio (corazón) que tiene casi tantos años como yo. Se formó más por mi costumbre de apretar los bolígrafos al escribir que por una mala forma de cogerlo. El caso es que adoro escribir a mano. Lo necesito. Me gusta ver mi propia letra escrita, con sus tachones, sus flechas indicando cosas, círculos, paréntesis, subrayados, dibujos ocasionales… Por otro lado, odio las libretas. Prefiero los folios, las cuartillas que puedes guardar en los libros, porque dan más libertad al pensamiento. Las líneas y cuadrículas me ponen muy nerviosa… Todas las libretas que poseo, sin excepción, tienen páginas arrancadas, sustraídas, que unas veces se han conservado entremetidas en la propia libreta y otras no. Me paso el día escribiendo y anotando y rompiendo y tirando y rehaciendo y reescribiendo lo que no ha quedado perfecto (yo sí que soy obsesiva y neurótica a la hora de escribir. Cualquiera pensaría que busco la excelencia…) Y tengo una máquina de escribir que llevo meses sin usar por culpa del ordenador. Éste último estaba reservado para trabajos de clase, pero desde que creé el blog, lo uso para casi todo (y el móvil también). Pero escribir a mano… Escribir a mano es un placer, es una necesidad, es tachar sobre un tachón y ver surgir una idea, no falla. Cosa impensable en el todopoderoso ordenador que borra y extingue hasta el más pequeño de los recuerdos que se agolpaban en ese preciso instante en el que le diste a la maldita tecla de borrar… Gracias. Me ha encantado tu artículo. Recuérdame que compre un diario al uso la próxima vez que quiera escribir mis gilipolleces… Un saludo.

    • Has encargado que te recuerde algo el peor posible para ello, pero bueno.

      Yo lo que pasa es que soy como los gatos, que les gusta pisar teclados y les gusta la textura del mismo. A mí también, soy un yonqui de los teclados, cuando encuentro uno bueno quiero darle y darle…

    • “Me gusta ver mi propia letra escrita, con sus tachones, sus flechas indicando cosas, círculos, paréntesis, subrayados, dibujos ocasionales…”

      No puedo estar más de acuerdo. Soy mucho más rápida a ordenador, pero el acto de escribir a mano me resulta necesario, indispensable. El proceso mental es muy distinto y el resultado es visualmente agradable. Imagino que para alguien a quien no le guste su letra será diferente 😉

      Lo cual no quita que para mí las novelas sean con teclado y pantalla, para no volverme loca. Lo manuscrito es solo para los trayectos cortos.

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