Una epifanía no va a cambiarte la vida ni la escritura

epifania

Cada dos por tres hablo de mitos y escritura, pero es que hay demasiados, son como malas hierbas, no dejan de crecer y no dejan de meterse en el inconsciente colectivo y crean expectativas irreales, hacen que tomemos caminos que no son. Algunos los perpetúan porque es su manera de ganar dinero.

Está el mito del talento, está el del primer manuscrito genial, el del best-seller, y está el de que la escritura funciona a base de epifanías, de grandes instantes que lo cambian todo.

Un día te levantas y ya eres «bueno», un día tienes la idea genial que te corona, un día eres nada y al siguiente famoso, un día tomas por fin esa gran decisión de seguir tu sueño y te inunda la felicidad. Vives esperando ese momento de gloria que, esta vez sí, va a convertir todas las noches en mañanas.

La vida no funciona por epifanías, pero muchas historias atractivas que nos contaron sí. Y se nos quedaron dentro porque lo hemos visto en películas, lo hemos leído en libros. Y las historias tienen poder.

Todo está atascado para el héroe y de pronto surge la idea genial que lo salva todo. Un día nos aflojamos la corbata y lo dejamos todo por un sueño (vamos a decir la escritura), y ya sólo caminamos hacia el sol. Todo está perdido y escuchamos la corneta del séptimo de caballería, o aparece de la nada ese amor imposible diciendo por fin que sí tras cien noes. Y a partir de ahí todo cambia y se insinúa en la historia que, ahora ya, todo será feliz y vamos a extinguir a las perdices de tantas que sacaremos a la mesa.

A esas historias les tienes que poner rápidamente la palabra «Fin», que no se vea lo que hay después, los inevitables nuevos problemas de haberte coronado rey, las discusiones con ese amor de nuestra vida y verlo engordar en calzoncillos con una birra en la mano.

La vida no funciona prácticamente nunca por instantes que lo cambian todo y, cuando es así, cuando se producen esos «cisnes negros» de los que habla Nassim Taleb, muchas veces no son buenos.

Para la mayoría de nosotros, los que no ganaremos la lotería ni el Planeta, la vida y los cambios funcionan a través de procesos que no tienen (ni deben tener) un final claro.

¿Cómo te vuelves bueno escribiendo? No es a través de una epifanía donde de pronto todo encaja. No aparece el diablo y al firmar en la línea de puntos que te ofrece ya sólo escribes cosas perfectas.

Cada día te levantas, pones ahí el trabajo, a veces es bueno y a veces es malo. Entonces un día miras atrás y ves que ya no das tanta pena. Que se te cayeron los tópicos y las palabras sobadas como lo hicieron los dientes de leche. Pareces mejor, y no puedes señalar con el dedo cuándo ocurrió, no vino en un momento en que se abrió el cielo y sonaron trompetas.

Y esa sensación no dura. Porque no hay epifanías que lo cambian todo, sino procesos que no terminan, así que unos meses después el proceso continúa lento e inexorable si sigues trabajando. De esa manera te sigues convirtiendo en otro y eso tan bueno antes ya no te lo parece ahora.

Ese es el sino del escritor y, aunque parezca horrible, es una buena señal que el tú de hace dos años te parezca un pelele haciendo dictados.

Sigues cambiando por fortuna, no te estancaste en el país de las maravillas tras una gran epifanía, no dependes de ellas ni vives esperándolas. Pones una palabra detrás de otra y confías en el proceso, en que si pones horas suficientes de trabajo, sigues leyendo a los buenos y sigues arriesgando un poco, caminando por el límite para desafiarte, dentro de un tiempo percibirás que has vuelto a cambiar, que has vuelto a «subir de nivel» según tu percepción personal de lo que es eso. Aunque de nuevo no sepas decir cúando o cómo ocurrió.

Dejar de vivir esperando epifanías, o dejar de esperar a cuando tomes esa gran decisión de dejarlo todo y cambiar de vida, trabajando hoy con lo que tengas, es un signo de madurez y por tanto un asco. Pero un asco que te llevará lejos. Los mitos son más calentitos para vivir, pero decepcionantes.

No va a haber casi nunca grandes momentos que lo alteren todo y te den la paz o la corona. Habrá hitos como que te publiquen, como que ganes el concurso literario de las fiestas de Alpedrete, pero al amanecer del quinto día no vas a ver a Gandalf por el este.

Al amanecer del quinto día, haz lo mismo que el resto, siéntate y escribe. Confía en el proceso, así funciona.

11 responses

  1. Duro, pero muy cierto. Es verdad que me encantaría dejar mi actual trabajo que me roba horas y salud, para dedicarle todo el tiempo posible a la escritura, pero… ¿seria la decisión correcta? ¿De dónde conseguiría el dinero para seguir persiguiendo mis sueños: formar una familia, independizarme…? Es complicado, sí. Y tendré que aguantar, y seguir llevando dos trabajos a la vez, pero si que es verdad que espero que algún día esto cambie. Al menos dejar ese trabajo para adquirir otro mas importante: el de mamá. Solo espero eso. Que aunque los mitos del escritor solitario, encerrado en su casa de campo, sin nada más que hacer solo escribir, no existen o bien solo los llevan a cabo unos pocos. Yo y muchos otros escritores que persisten con el tiempo, en este duro trabajo, y largo proceso para ver una recompensa si es que la llegamos a ver, podamos algún día disfrutar, sin haber llegado de una jornada de 10 horas de trabajar, de la escritura.

    • La cuestión es que el mito de algunos escritores en su casa de campo escribiendo bajo el trino de los pájaros tiene una base real. Un buen número de esos escritores que se hicieron legendarios en el pasado eran unos mantenidos. Esa es la realidad de ese tipo de escritor. Para el resto…

  2. Siempre estamos esperando que pase algo para empezar a vivir y, mientras esperamos, se nos pasa la vida desapercibida. Todos soñamos con esa epifanía que nos cambie para siempre porque, como bien dices, las historias que nos han contado tienen mucho poder y gran parte de ese poder es desear vivirlas tú también. El problema es cuando ese deseo de vivir esas otras historias se torna en una costante insatisfacción en la tuya propia porque no se parece en absoluto…quizá la verdadera epifanía es darse cuenta de que no hay que esperar porque nada venga a sacudirnos para empezar a vivir, porque ya estamos viviendo; además, como bien señalas, en un infinito, precioso y emocionante proceso de cambio.
    Muchas gracias por tu artículo, Isaac, es una gran reflexión y un gran consejo.

  3. Excelente post. Es difícil adquirir la costumbre, y creo que más la de escribir. Recuerdo que hace años seguía a un escritor (en ese momento sólo de blogs) que escribía más rápido de lo que yo podía leerlo. Es realmente loable mostrar esas ganas de trabajar, de exprimirse las ideas, de darle tiempo a lo que a veces gusta y otras no.

    Seguiré el consejo.

  4. Como siempre más razón que un santo.

    Quizá lo importante es lo que recalcas al principio del post, lo vemos en las películas, en la tele y no son pocos los que te dicen “¿cómo no vas a ser capaz de ser rico y millonario? Haz este curso, lee este libro y lo tienes”.

    Que luego exista gente que se piense que esa es la realidad ya es otro tema. A las personas no les gusta escuchar que hay que levantarse cada día, luchar con tu realidad y con mucho esfuerzo tratar de mejorar poco a poco. Es más fácil pensar que te toque la lotería que descubrir un sistema para poder mantenerte.

    El mayor crítico que se puede tener es uno mismo y si eso falla, es complicado no creer en epifanías ni panaceas, porque es el único recurso que te queda.

    Gracias por el artículo.

    Un saludo

  5. Después de un buen rato perdido por la red, algo taciturno y despistado, en soledad con el sonido del teclado, esperando el final de la tarde, me encontre con tu blog. La verdad que no recuerdo por donde he entrado, quizá por una esquina atrasada, creo que por una entrada antigua donde expresabas en voz alta el lamento de los que andamos peleando para que nuestros libros sean publicados. Al final me gustó la sensación de lo que sentías, un poco de ese desaliento mezcla de ilusión y ganas aún intactas por lograrlo, que muchos compartimos. Así que me dejé caer por aquí para leer lo nuevo que habías publicado. Solo saludarte. Tengo la sensación de que si te animo, me animo a mi mismo, y eso hago. Me ha gustado mucho lo que he leido. Te he enlazado.

    • Gracias, Jesús. Creo que es importante no confundir que uno diga las verdades del barquero, si es que eso es posible, con estar desanimado o ser pesimista. En cuanto a la gente le dices algo que no le gusta o la verdad de las cosas, como que hay que trabajar y que objetivamente nos hemos metido en el juego menos rentable que existe, ya te dicen que eres un pesimista. Nada de eso, el pesimismo no tiene nada que ver aquí.

      Un saludo, gracias por el enlace.

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