Vender tu libro, a cualquier precio

Vender tu libro a cualquier precio

Nótese la coma en el título, porque ella marca el matiz. No me estoy refiriendo al precio al que vender tu libro, cada uno que lo haga al que quiera, caro, barato o gratis. Me refiero al ansia por endosar a los demás lo que has escrito y, si has de intentar meterlo por la garganta de otro como sea, pues como sea.

El otro día surgió un trending topic en Twitter, una de esas tendencias de lo se que está hablando, que se llamaba #ytúquélees. La gente mostraba en una foto el libro que leía en ese momento y añadía la etiqueta en cuestión. Por una de esas carambolas que sólo ocurren con la frecuencia de los eclipses, había suficientes personas leyendo algo como para que eso se alzara en Twitter por encima del ruido general y de Sálvame o la tontería del momento.

Así que no tardamos en coger esa ola buena e intentar fastidiarla, porque así parece ser la naturaleza humana.

De repente, la gente se empezó a fotografiar por todas partes con el libro que había escrito, no con el que estaba leyendo. A lo mejor era una manera correcta de usar el hashtag, no lo sé, a lo mejor es que de verdad leen una y otra vez lo que han escrito ellos y se sienten ufanos, porque no necesitan los libros de otros y el suyo ya vale. En fin, un intento, fallido, de promocionar su libro, su libro y su libro. Y pronto empeoró.

Durante la mañana de aquel día, yo mantenía una conversación casual en Twitter con Cristina, la administradora del blog “Abrir un libro“, ella me descubrió la tendencia y me mencionó para que mostrara, junto con otros autores, lo que leía (Un día en la vida de Boris Denisovich y Solaris, para aquellos que tengan curiosidad). En medio de esa conversación, de pronto, irrumpió de la nada un tuit de alguien que ni nos seguía ni seguíamos, mencionándonos y berreando: “compra mi libro”. Era un intento infame con el botón de las mayúsculas atascado, y sin contexto. No recuerdo ni lo que ponía, obviamente, pero además era algo sobre putas o similar. He intentado recuperar el tuit, pero no aparece, seguramente porque le suspendieron la cuenta al susodicho por empezar a ametrallar con Spam a todo el mundo y el mundo se quejó.

Fue como si alguien de repente se acercara a una conversación entre dos en una mesa y gritara, sin ton ni son: mira mi libro. Supongo que la intención última del autor era que le compráramos y quizá le difundiéramos la palabra.

Hagamos una parada técnica en la historia para reflexionar un segundo, cosa rara, al parecer. ¿De verdad alguien que se haya molestado en mirar las cosas desde más allá de su nariz puede pensar que a ella o a mí nos entrarían ganas de difundir o comprar ese libro? ¿Cogeríamos nuestro dinero duramente ganado, o dejaríamos la conversación, para correr a comprar y extender la palabra? Realicemos un pequeño ejercicio de ponerse en el lugar de otro. A ver cuántos de los que leéis esto os veríais motivados, si estáis hablando tranquilamente con alguien y un desconocido que jamás se preocupó por vosotros ni lo volverá a hacer, os grita eso al oído.

Nadie que esté en su sano juicio lo va a hacer. Y es una respuesta sencilla de obtener, pero vivimos tan embebidos en lo nuestro y lo nuestro, que, al parecer, es una práctica común y si cuela, cuela. Pues bien, yo estoy en el derecho de que, obviamente, tu libro y tú me importéis tanto como yo te importo realmente a ti.

Es importante destacar que no es la primera vez que me ocurre, que si fuera algo de una sola vez, pues son cosas que pasan. Pero no. Gente totalmente desconocida me menciona, publicita su libro y se va, como apareciendo de repente por mi ventana y gritando: “compra mi genial libro”, para luego ir a la ventana de al lado y gritar lo mismo a otro que está tranquilamente en su vida.

Ya se sabe, el interés genuino por los demás, el ser capaz de ponerse en lugar del otro y otras tradiciones que se perdieron. La única red social que uso es Twitter, no tengo muchas ganas de utilizar ninguna más, pero me consta que casos similares ocurren en otras como Facebook.

Hay muchas variantes de ese intentar meterla como sea. Una de mis favoritas es la de los que, a todas horas y sin decir otra cosa en sus timelines de Twitter, hacen publicidad de su libro. Cinco minutos después, su libro. Cinco después, su libro de nuevo, a las cuatro de la mañana o a las siete de la tarde, añadiendo etiquetas que nada tienen que ver, para ver si pica alguien que está buscando esos términos en Twitter. No hay apenas nada más en sus perfiles si entras a verlos y publicitan con las frases más gastadas que encontraron: “el libro del que todo el mundo habla” (sin duda, la comidilla en mi carnicería era, oiga usted), “la historia que conmocionó a un país” (¿cuál?), “el libro que el Vaticano, o la CÍA o lo que sea, no quieren que leas” (es obvio que no tienen otra cosa que hacer). Y así todo, supongo que pensando que funciona.

Es obvio que no lo hace, porque la enorme mayoría de todos esos no son superventas. Y si alguna vez coincide que alguien vende mucho en Amazon o donde sea, y resulta que hace eso, debería saber que no lo ha conseguido por ese Spam, sino a pesar de él.

No sé, igual es que soy yo, que no entiendo cómo funcionan las cosas, que soy el tonto que debería hacer eso, pero prefiero morirme sin serlo. La verdad, cuando miro los objetivos que me he planteado con escribir o aquellos a los que admiro, no veo que hagan eso.

Y sí, es totalmente legítimo y recomendable que uno publicite su libro y lo haga más de una vez, porque es cierto que ya no son los tiempos en los que una editorial se encargaba de eso (si la tienes). Pero, en serio, que esas formas no funcionan, que consigues el efecto contrario.

17 responses

  1. Es verdad… (y están a todas horas… y por todas partes) Yo me he creado hasta cuentas alternativas para no molestar a nadie (si es que pudiera darse el caso) con las sucesivas entradas de mis blogs. Si me diera por escribir algo serio, como un libro, no tendría el valor de atosigar a nadie con él (aunque es necesario publicitarse, no lo es, ni nada justifica el acosar). En mi pequeño y exclusivo mundo (porque soy reticente a hacer amigos, es una tara), en el que también coexisten algunos escritores, jamás me he visto acosada por nadie que pretendiera venderme o mostrarme con insistencia sus libros (aún siendo los mejores que uno haya leído en mucho tiempo) y es por ello que he decidido por mí misma acercarme a sus obras con la curiosidad de quien descubre, de pronto, que esas personas a las que uno lee en sus blogs con asiduidad han creado personajes, situaciones y mundos que yo aún no conozco y que le aportan al lector una riqueza vivencial y siempre cultural que lo acompañará para siempre. En cuanto aparece un vendedor de “biblias”, lo mando al carajo. No soy sociable y no me preocupa. Yo también escribo, pero suelto mis taras aquí, no las desgloso en centenares de folios que luego intento colocar a nadie. Con diez renglones voy servida (y el lector también…) Ningún verdadero escritor, con la sensibilidad que les caracteriza y con esa aguda observación con la que son capaces de describir y criticar al más variopinto personaje que se interponga en sus vidas, se atrevería a actuar de forma semejante a la que comentas en tu artículo. Por no caer en las garras de un escritor atento que bien podría usarlo para caracterizar a toda una masa borreguil en creciente expansión y desarrollo. Gracias. Me ha encantado tu artículo. Perdona la extensión. Un saludo.

    • Los escritores que me gustan suelen ser gente que pensaba bien hondo, que cuando los lees en entrevistas, ensayos o viejas cartas ves la profundidad con la que miraban las cosas. Cualquiera que hace eso esta mostrando que no se ha parado ni un segundo a mirar el mundo, a los demás y lo que hace, con inteligencia.

    • Por cierto, que se me había olvidado. A mí lo que más me molesta es que manden publicidad sin molestarse en averiguar si soy público objetivo. El otro día me llegó una invitación para una presentación de un libro en Barcelona, cualquiera que se moleste en entrar a mi perfil y leerlo durante un minuto sabe de donde soy, sobre todo por los biquiños.

    • Efectivamente, somos buenos, cada vez mejores, en ignorar ese ruido y hacernos ciegos a él. Pero eah, ahí siguen algunos a “machacamartillo”. Hace mucho que dejé de seguir a un prominente grupo que se dedica a hacerlo los unos con los otros, constantemente, en una orgía endogámica de RT’s de Spam y frases hechas. Pensaba que con el tiempo se habrían extinguido o dado cuenta de que eso no funciona, pero ya veo que no.

  2. Ahora leo el origen de todos los comentarios, me enganché a la respuesta,y tirando del hilo llego hasta el punto de partida. Qué pereza me da todo esto. Evidentemente hoy es muy recomendable, casi necesario, estar en las redes, para difundir casi cualquier cosa, pero se han perdido las formas de una manera vergonzosa, y a mí, cuando la gente se pone tan pesada me crea tanta repulsa, que no me acerco ni a la portada.

    Buen artículo, sí señor.

    • Efectivamente, uno se hace una primera impresión rápida de lo que puede ser el libro a partir de la impresión que te da el autor. Y esa es penosa y produce rechazo total, algo que, inevitablemente, se traslada al libro. Pura naturaleza humana, pero no parece que algunos se den mucha cuenta.

  3. Hola Isaac. Sigo tus escritos porque me agrada la mirada que tienes y cómo lo dices. Estoy de acuerdo con tu opinión y yo agregaría una pregunta que me surge bastante a menudo.
    ¿Para qué escribo? Los que publican, se lo preguntarán?
    ¿Cuál es la razón o el motivo que hace que una persona escriba? y desde ahí ¿por qué querría publicarlo?
    Uno debería responderse si necesita que lo lean o si quiere comerciar o si necesita que los otros le digan que escribe bien, uffff es algo que no tiene fin….
    pero es algo muy común en el ámbito de los escritores, o al menos, entre las personas que comienzan a transitar este camino.
    Gracias! y saludos.

    • La necesidad de atención está grabada a fuego en el ADN de las personas. Cada cual sabrá la respuesta a esa pregunta tan compleja que planteas, pero más vale que la principal de las respuestas tenga que ver con algo interno, que conecte con el hecho de que te levantarías y escribirías igualmente, incluso aunque tuvieras la seguridad de que nadie lo leería nunca.

      Si eso no está en la esencia, se ha equivocado uno al coger el camino de la escritura.

      Un saludo.

  4. Buenas noches Isaac
    Fue bastante desagradable lo que nos pasó. Es más, sentí hasta vergüenza ajena y eso que fui parte perjudicada.
    Hasta hace un tiempo, cuando alguien me pedía RT yo lo hacía: por ayudar, por contribuir… Dios sabe por qué. Hasta que me di cuenta que muchos de ellos, me habían tomado como una herramienta tipo Hootsuite. (Llámame tonta, porque me lo merezco). Pero como soy persona y me he hartado mucho, pero mucho, lo he parado en seco. Sabes cuál ha sido la reacción? Hacerme RTs a mi. Y sabes cuál ha sido la mía? Silenciarlos y hasta bloquearlos.
    En fin. No puedo estar más de acuerdo con tu post y gracias. Muchas gracias.

    • De tonta nada, Cristina. Una gran parte del problema es esta noción, tan española, de que cuando alguien es bueno, es un poco “tonto”. Cuando uno contribuye, ayuda o hace sin esperar nada a cambio, los idiotas tachan al bueno de tonto y no. Creo que eso hay que borrarlo, que aquí los únicos imbéciles son los que se aprovechan, los que tratan a los demás como una herramienta y ellos exigen ser tratados como lo más.

      En general, mi política en esos temas es el vacío total. No alimentar al trol nunca, no dar pábulo nunca a los que buscan aprovecharse, simplemente que pasen a través y no dejen huella, porque no la merecen. En la mayoría de ocasiones, tengo cosas mucho más importantes que hacer que dedicarles aunque sea una palabra.

      Lo único que espero de veras es que la actitud de ese puñado no te queme en la labor que haces y mandes a todos los que escriben a la hoguera.

      Seguimos en contacto, a ver si con suerte sin demasiadas interrupciones como esa. Y si ocurren, lo cierto es que sólo queda sacudir la cabeza y reírse, que bastante tienen si es que son así.

  5. Has dado en el clavo: necesidad de atención. Muchas personas no saben cómo llamar la atención. Necesitan sentirse reconocidas, aplaudidas, en el centro del meollo. Será que en la infancia sus padres no atendieron a sus necesidades más básicas… Si supieran que a mí (y, por lo que veo a otros “especiales” como yo) me llaman mucho más la atención tus textos, Isaac, tal vez dejarían de bombardear las redes sociales casi a diario. Gracias, como siempre, por compartir tus reflexiones tan acertadas. Es un gran placer leerte, de veras.

    • La necesidad de atención es algo natural en el ser humano. “Esa” (tanta) necesidad de atención ya no sé a qué se puede deber. La atención es una droga dura, supongo. Personalmente y en cuanto a atención, para mí más no significa mejor.

  6. He conocido su página a traves de Ana Bolox y he de felicitarle, es usted un crack!
    Me siento identificada con sus palabras Isaac. Yo soy una aprendiz de escritora y desde luego no practico ese tipo de marketing de antiventa agresivo, a veces hasta me da apuro comentar el tema de mi ultimo libro por si alguien piensa que le estoy poniendo en un compromiso.
    En mi opinión, la raiz de estos comportamientos proviene del deseo de fama y notoriedad, reflejo de una sociedad que fomenta parte del concepto felicidad en tener éxito y dinero. Al fondo se valora lo superfluo, se confunde lo importante y tristemente se olvida lo esencial… Y en la soledad mas profunda, queda el ego de un hombre vacío de ser y de estar.
    Gracias por escribir y por compartir.

    • Muchísimas gracias por el comentario, de veras.

      Vender tu libro está bien, pero algunos llevan eso al límite de la paciencia y, francamente, se me quitan las ganas de leer cualquier cosa de alguien que es así.

      Un saludo.

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