Vivir para escribirlo bien

vivir y escribir

Siempre he pensado que, en la escritura de muchas historias, «documentarse», o como se le quiera llamar al proceso, se convierte pronto en otra manera más de esquivar el trabajo y dejarlo para luego. Te estás informando de algo sobre lo que has de escribir, así que te engañas diciendo que, como la frase anterior contiene el verbo escribir, ya vale como tal.

No es así y, a pesar de las muchas ventajas que tenemos actualmente, la capacidad de «documentarse» sobre algo gracias a tres clics y la Wikipedia creo que ha empeorado la capacidad de escribir bien sobre eso acerca de lo que te documentas.

Hace mucho tiempo hablaba de que no es estrictamente necesario haber vivido algo para escribirlo bien, que si uno había experimentado lo importante que subyace a toda historia (como la emoción que corre por debajo, por ejemplo) puede construir sobre ella una cáscara externa que fuera lo bastante buena, lo bastante veraz.

Pero la realidad es que nada puede superar a haber vivido en primera persona la situación concreta, a haberse «documentado» sobre ella llorándola o riéndola, si es que ese es el caso. Y eso se consigue apagando el ordenador y manchándose las manos, habiendo viajado hasta los sitios que quiere describir, charlado con los personajes que desea retratar, viéndose traicionado o atraído, habiendo peleado por o con ellos.

En esos casos, la experiencia será rica en muchos matices que es imposible captar de otro modo, o incluso inventar y que sepan igual que el guiso original.

Sobre todo es muy difícil hacerlo bien cómodos en un sillón, consultando Google desde el móvil. En esos casos, cuanto más ajena sea la experiencia que queremos describir, más impostada será a la hora de escribirla.

Los personajes serán de cartón, los decorados de papel fino, y desconoceremos esas pequeñas cosas importantes: detalles, olores, tonalidades, intangibles que sólo captaríamos en primera persona, como las emociones que despierta estar ahí, hablar con esa gente, vivir las victorias y derrotas.

Aún creo que es posible escribir decentemente sobre algo que no has vivido, especialmente si uno tiene experiencia y capacidad de escribir todo eso intangible (pero importante) que corre por debajo de las situaciones. Sin embargo, mi opinión ha cambiado bastante al respecto con los años y ahora creo que nada podrá superar a quien escribe bien y a la vez conoce las situaciones de primera mano.

De hecho, no es raro que aquellos que no son escritores ni lo pretendan narren una situación crucial en sus vidas con una capacidad muy difícil de imitar por el mejor fabulador que no ha estado ahí. Ellos tienen y vuelcan esa emoción poderosa de la que hablaba Scott Fitzgerald en sus cartas.

Porque si has estado, podrás poner los cinco sentidos en juego, no sólo la vista de una web y el tacto de hacer clic para leer sobre un tema. También podrás poner mejor que nadie el sexto, séptimo y los sentidos que hagan falta para trasladar al lector ahí, para conectar con lo que él ha vivido de modo similar en otras ocasiones… y tocarle justo donde hace tiempo que no le tocaban.

Se puede escribir bien sobre algo que no has vivido, pero es tremendamente difícil y se pierden los matices (seguramente los más importantes) cuando sólo aprendemos de series, películas y páginas de Wikipedia. Experiencias planas que seguramente se transmitirán igual de planas.

La bipolaridad constante del escritor, que necesita estar sentado mucho tiempo ante la escritura si quiere ser bueno, y necesita levantarse de la silla y vivir si quiere ser mejor.

3 responses

  1. Hola, Isaac!

    Totalmente de acuerdo en que para escribir bien una historia necesitas vivirla, pero yo le añadiría una salvedad o una cláusula especial: no es necesario que hayas vivido *esa* historia concreta, sino que puedes llegar a imaginártela con todos esos matices que aportan similitud si eres capaz de sustraer de tu memoria un evento o eventos similares.

    Quizá no hayas hecho el duelo de tus padres, pero sí que has perdido a un familiar muy cercano. A lo mejor no has estado en Camboya y no sabes qué aspecto tiene su selva, pero has estado en México y allí también había mucha humedad y calor. Nunca has atravesado la atmósfera en un cohete espacial, pero te has subido a atracciones terroríficas.

    No será lo mismo, pero podrías “impostarlo” con una documentación exhaustiva, siempre y cuando tengas una vivencia que se aproxime lo suficiente para transmitir las emociones adecuadas al lector.

    Al fin y al cabo esto es lo que hacemos los escritores de fantasía y ciencia ficción: utilizar vivencias aproximadas del mundo real para crear una experiencia vívida y verosímil.

    Un abrazo,

    Marta

    • Totalmente de acuerdo en lo que dices. La emoción y los matices de una situación se pueden usar para otra que no necesariamente es igual en lo externo o los detalles superficiales. A eso me refería. Eso le da ese plus de «veracidad» que diría Hemingway.

      Un saludo.

  2. Acabo de publicar en mi blog un post que bien podría entenderse como un comentario a esta entrada.
    Tienes razón, con los años las cosas parecen cambiar de color y adquieren otra dimensión…
    Si lo que digo es “plano” o transmite alguna “emoción”, nadie con más criterio que el propio lector.
    Está dedicado a ti Isaac, a Anna y a muchos más que no conozco. Disculpad el atrevimiento que otorgan las canas.
    Con cariño, os mando un saludo desde Barcelona.

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